Nico Paredes dejó el mundo de la música para abrir La Analógica, una coctelería en un sótano de Malasaña con vinilos y cócteles de autor

Si hay algo que puede hacer que el sector de la coctelería siga teniendo futuro es la diversidad de los bares más o menos especializados en su práctica. Ofrecer una buena bebida, técnicamente correcta y con ingredientes de calidad, no siempre basta. El bar debe tener algo más. A veces ese plus puede ser el servicio, la atmósfera, la decoración o, como en el caso de La Analógica, la temática musical. Más allá incluso, si entendemos que el concepto con el que Nico Paredes definió su bar se amplía al universo ‘vintage’ de lo analógico. En la música, en la fotografía, en la vida y en los cócteles, si es que eso es posible.

Nico nació en Los Ángeles, pero es de padres argentinos. Su acento mezcla ambas vertientes. Tiene 29 años y no vivió la Malasaña más salvaje: “No, pero he escuchado mucho acerca de aquello”, nos cuenta. Es en el corazón de este barrio madrileño, tan dado a lo nostálgico a pesar de la gentrificación, donde acabó abriendo su negocio tras regresar de Estados Unidos. De su ciudad natal se mudó primero a Boston para estudiar música, nada menos que en Berklee College of Music, y después se estableció en Nashville, donde ejerció durante seis años de ingeniero de sonido, productor, gerente y fotógrafo de grupos de rock. De toda esta pasión viene lo de La Analógica: “Siempre me ha interesado esto. Cuando grababa lo hacía en cinta, cuando sacaba fotos a las bandas lo hacía en película”. Entonces, para él, los cócteles también tienen algo de ese proceso, digamos, artesano.

Tras la pandemia Nico se cansó de trabajar en la música. Así que aterrizó en Madrid en septiembre de 2022, no era su primera vez, dispuesto a montar algo con su familia. Abrió en la calle del Espíritu Santo la pizzería Sakro, pero pronto decidió habilitar el almacén del sótano para transformarlo en una coctelería. “Ahí pude ser un poco más creativo”, confiesa. “La idea era hacer la coctelería a la que yo siempre quise ir”. Esto es, un lugar en el que beber cócteles pero, condición ‘sine qua non’, poder escuchar la música que a él le gusta con el mejor sonido posible en formato vinilo. Nacía La Analógica, un bar de cócteles de autor con Arctic Monkeys y el rock alternativo de los primeros 2000 como hilo conductor.

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