Una imponente estructura hotelera urbana que ofrece un gran atractivo para el huésped. Desde su aspecto exterior, luciendo una arquitectura y diseño modernista que recuerda al Museo Guggenheim de Nueva York; hasta su gastronomía, que combina un concepto de “tapas viajeras” con platos de diversos puntos del planeta; y su coctelería de autor. Además, introduce al cliente en la cultura del arte flamenco
Hay ciudades que lo tienen todo. Que no les hace falta ningún atavío para brillar con luz propia. Y ese es el caso de la capital Hispalense. Tanto que el cante de “Sevilla tiene un color especial”, viene a hacer justicia a la luz que irradia esta ciudad.
Si mágica es en cualquier época del año, el otoño, con sus tonalidades de contrastes, y la llegada de la Navidad, bien merecen una visita a este destino andaluz, epicentro del mundo.
Contemplando el río Guadalquivir, símbolo también de la ciudad, se alza a sus orillas, el Barceló Sevilla Renacimiento. Un hotel que, aunque quisiera, no pasa desapercibido, por su arquitectura y diseño modernista que trae a la memoria el Museo Guggenheim de Nueva York, obra del arquitecto Frank Lloyd Wrigh.
Distribuido en tres edificios circulares, la imponente masa curva del edificio principal del hotel va girando a medida que se eleva creando una construcción de circulación lineal. Por su parte, el interior del hotel es uno de los espacios más impresionantes de la arquitectura sevillana. Un gran vacío central, rematado en un amplio lucernario circular y delimitado por una rampa helicoidal, caracteriza esta elegante y actual estructura hotelera urbana, de categoría cinco estrellas, que ofrece 295 habitaciones amplias y luminosas a sus huéspedes.
Si el atractivo visual es uno de los puntos fuertes del Barceló Sevilla Renacimiento, sus opciones gastronómicas no lo son menos. De hecho, el hotel cuenta con diversos espacios donde saborear la cultura culinaria andaluza y del otro lado del mundo. Uno de ellos es el Gastrobar La Santa María, que muestra su concepto de “tapas viajeras” en una amplia y variada carta que destaca tanto por sus recetas locales como por sus platos de diversos puntos del globo. El restaurante recrea el viaje de Cristóbal Colón en 1492 en una experiencia gastronómica que embarca a sus comensales en una ruta culinaria alrededor del planeta sin perder de vista Andalucía. Sus “tapas viajeras’ presentan platos y tapas andaluzas que homenajean las diferentes etapas que marcaron su travesía y el descubrimiento de América.




