Es la base o ingrediente principal de muchas elaboraciones, como pan, pasta, ‘pizza’, frituras o tempuras. Hablamos con cuatro expertos para conocer su uso y la importancia de elegir una harina de calidad
Cuesta imaginar una alimentación exenta de harinas y sémolas. Si nos referimos a la idolatrada “dieta mediterránea”, encontramos el consumo de harinas o sus elaborados, como el pan, en la base de la pirámide. El término “dieta” proviene de la antigua palabra griega “diaita”, que significa “estilo de vida equilibrado”, tal y como lo refieren desde la Asociación de Fabricantes de Harinas y Sémolas de España. Se trata de un patrón tradicional de alimentación de los países de la cuenca mediterránea que asegura un aporte importante de antioxidantes, polifenoles, rico en grasas monoinsaturadas a los que se ha reconocido un papel protector frente a enfermedades cardiovasculares, diabetes y otras asociadas al estrés oxidativo. Es tan importante que, incluso, en el año 2010 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Según los datos facilitados por la consultora Nielsen, con TAM cerrado a la semana 47 de año pasado, en España consumimos 129 toneladas de harinas, sémolas y tapiocas, con un valor de 138 millones de euros, lo que ha supuesto un aumento por valor del 15,8% y una reducción por volumen del 2,2%. Profesionales de la panadería, repostería, pizzería y algunos tipos de restaurantes son los que más las utilizan. Hemos hablado con cuatro profesionales para que nos cuenten la importancia del uso de esta materia prima en sus negocios.




