Liderazgo dentro y, cada vez más, fuera de España

Los vinos de la D.O. Ca Rioja conservan su prestigio gracias a un pasado ejercicio ganador. A pesar del ligero descenso de ventas en el mercado interior, las exportaciones no dejan de subir y sus caldos envejecidos, sus blancos y sus rosados reciben cada vez mejor acogida

La marca Rioja es sinónimo de prestigio para la vitivinicultura española, una de las cinco más renombradas entre las zonas vinícolas de todo el mundo. El vino riojano ya fue ensalzado en los versos de Gonzalo de Berceo, momento en aquella alta Edad Media en que empezaba a darse un incipiente comercio local alrededor del monasterio de San Millán de la Cogolla. Siglos antes, la dominación romana ya había asentado las bases de una tradición milenaria del cultivo de la vid, atestiguada en los restos arqueológicos presentes en estas tierras riojanas.

Se iniciaba una civilización en torno a la uva, que tuvo sus transiciones hacia la edad moderna con la modernización adecuada a una demanda que no paraba de crecer, incluso más allá de sus fronteras naturales. Se crea en 1787 la Real Junta de Cosecheros para fomentar este cultivo y la consiguiente llegada del ferrocarril favorece que se acelere la mecha de la fundación de bodegas que hoy son centenarias.

La industria daba sus primeros pasos, los vinos de Rioja se erigían en líderes indiscutibles y la Denominación de Origen más antigua de España, reconocida en 1925, tiene en el año 1991 su definitivo punto de inflexión al poder amparar sus vinos por la primera D. O. Calificada del país. Sirvió, entre otras cosas, para contar con un reglamento de garantías que establece las variedades de uva cultivadas, los rendimientos máximos permitidos (6.500 kgs. por hectárea en variedades tintas y 9.000 kgs. por hectárea en variedades blancas), o sus técnicas de elaboración y crianza. También el Consejo Regulador delimita tres subzonas de producción en las 63.593 hectáreas de viñedo protegidas a ambos márgenes del río Ebro: Rioja Alta (43.885 hectáreas), Rioja Alavesa (12.934 hectáreas) y Rioja Baja (6.774).

El pasado 2017 fue un año de cambios normativos para la denominación: un tiempo obligatorio de botella en los vinos Reservas, definición más flexible de los Grandes Reservas tintos, y más información sobre el origen de los vinos y la certificación (vinos de pueblo, vinos de zona y vinos de viñedos singulares). Por último, se tomaron decisiones relacionadas con las tendencias del mercado: los vinos espumosos de calidad de Rioja, los monovarietales blancos y la ampliación de la gama de rosados.

 

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