Elaborados en el suroeste de Galicia, los vinos de esta denominación se encuentran entre los más apreciados en los mercados internacionales por su calidad y versatilidad, acompañando a platos de cualquier cocina del mundo

Rompiendo estereotipos. Ni vinos específicos para determinadas épocas del año, ni para determinados platos gastronómicos. La única regla que funciona es el propio paladar del consumidor, porque la extraordinaria calidad y versatilidad de los vinos que se elaboran en nuestro país traspasa esas barreras ancestrales. 

Pluralidad de gustos, de oferta y armonías culinarias, “haberlas haylas”. Término adecuado, ya que nos situamos con este reportaje en una tierra de larga tradición vitivinícola y en el uso de esa expresión popular, como es Galicia. En concreto, nos hallamos en territorio de la Denominación de Origen de Rías Baixas, “cuyos vinos se encuentran entre los más apreciados en los mercados internacionales”, como señalan desde el Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas.

Una excelente valoración que les viene dada a estos vinos por su caché productivo y su diversidad que “permiten combinarlos con un amplio abanico de platos, sin dejar de lado el placer de catarlos sin acompañamiento. Además de ser los perfectos compañeros de los pescados y mariscos propios de la gastronomía gallega, los vinos de Rías Baixas también son una excelente combinación para conservas, frituras y pinchos variados. Asimismo, estos vinos muestran su mejor cara con cualquier cocina del mundo, como puede ser el caso de la mexicana, la peruana, la tailandesa o la japonesa, tan en boga en los últimos tiempos. Esta facilidad a la hora de maridar con una amplia gama de platos ha llevado a que la Denominación de Origen más grande de Galicia se posicionase con su variedad Albariño como un vino atlántico y autóctono en más de sesenta países de los cinco continentes.

Esta demanda ha contribuido a prestigiar el sector vitivinícola de Rías Baixas y también a asentar la población en el medio rural, generando riqueza. En lo que a bodegas se refiere, se ha pasado de las 14 que iniciaron el proyecto hasta las más de 170 actualmente inscritas, en su mayoría de pequeño y mediano tamaño. En sus más de 25 años de historia se han multiplicado casi por veinte las hectáreas de viña controladas, hasta alcanzar las 4.027, repartidas en más de 20.800 parcelas.

La D.O. Rías Baixas también se distingue por la apuesta en las variedades autóctonas para la elaboración de sus vinos, entre las cuales “la uva Albariño representa más del 97% de la producción”, como indica el Consejo. Esta uva posee una gran capacidad de producción de azúcares superando en un 12% el volumen de alcohol, siendo distinguida también la Albariño porque mantiene una riqueza en ácidos que muy pocas variedades consiguen en todo el mundo, la cual unida a una riqueza en componentes aromáticos y sápidos hace que estos vinos sean muy identificables.

Además de la Albariño, también se cuenta en esta denominación con las variedades blancas Loureira blanca o Marqués, Treixadura, Caiño blanco, Torrontés y Godello; y Caiño Tinto, Castañal, Espadeiro, Loureira tinta, Sousón, Mencía, Brancellao y Pedral, en uvas tintas, la cuales tienen una menor presencia que las variedades blancas.

“Todas ellas son resistentes a la climatología adversa propia de la zona y confieren calidad y origen genuinos a estos productos de marcado carácter atlántico”, afirman desde el Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas, que a su vez detalla que “la Denominación de Origen Rías Baixas se distribuye en cinco subzonas, localizadas principalmente en la provincia de Pontevedra, pero ocupando también el sur de la provincia de A Coruña. Estas son: Condado do Tea, O Rosal, Ribeira da Ulla, Val do Salnés y Soutomaior”.

Diferentes ‘terroirs’ productivos, distintos tipos de vinos. Veámoslos.

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