El amor por las cosas bien hechas se degusta en el restaurante trattoria Vino de Mar, para el que la excelencia en los productos, que presentan una buena calidad-precio, y en el servicio son sus máximas. Platos que llevan su propio sello para que permanezcan en el recuerdo del comensal, y entre los que se hallan las pastas frescas ultracongeladas de Surgital

Los caprichos del destino cambian el rumbo de las cosas, de la vida en general, y trazan una línea que invitan a seguir. A ese arbitrio del azar, se entregó Margot Montiel Oropeza, movida por un motor universal: el amor. Un amor con letras mayúsculas para la propietaria del restaurante trattoria Vino del Mar, que hoy regenta junto a su marido; sentimiento que siempre ha guiado sus pasos personales y profesionales.             

La cocina ha sido desde niña una de sus grandes pasiones. Creció entre fogones, podríamos decir, en los restaurantes de su familia en Venezuela y tuvo una gran escuela, ya que su propia madre fue quien la enseñó a cocinar. Hizo su carrera de chef en Barcelona, y cruzándose en su camino el que hoy es su marido, llegó hasta la isla de Mallorca, en la que se haría con las riendas, al poco tiempo de tocar tierra firme, no sólo de la cocina de ese restaurante de bonito nombre, sino también de su titularidad.

“Vine a Mallorca en febrero de 2007 y comencé a trabajar en el restaurante como segundo de cocina, y por cosas del destino, al cabo de tres meses me preguntaron si quería ser jefa de cocina y, como siempre había cocinado con mi madre en los restaurantes, acepté. Y ese año, al final de la temporada el dueño de Vino del Mar me propuso quedarme con el local. Mi pareja estaba de acuerdo conmigo y en enero de 2008 abrimos nuestro restaurante, al que no le cambiamos el nombre, y así empezó toda una aventura. Cuando comenzamos seguí la misma línea que tenía el local, la cocina italiana. Poco a poco, a raíz de la orientación de mi madre, fui ampliando la carta, quisimos poner cosas distintas para resaltar, porque aquí en Puerto Adriano hay mucha competencia. Platos diferentes que permaneciesen en el recuerdo de las personas. He intentado que cada plato lleve un sello nuestro y que la gente venga con el recuerdo de ese plato que comió aquí. Es muy difícil dar de comer a la gente y que a todo el mundo le guste, pero hay que tratar siempre de mejorar, no hay que perder nunca la calidad, encontrando siempre un equilibrio entre la misma y el precio. Dar un buen producto a la clientela y cocinar rico es lo ideal para mí; en este sentido mi mamá ha sido una gran maestra. Me decía que un plato hay que probarlo antes de sacarlo a la mesa y que si se tiene la más mínima duda de que ese plato no está excelente hay que repetirlo hasta que esté perfecto. No hay que olvidar jamás el porqué se están haciendo las cosas, si se están haciendo porque realmente te gustan; la cocina no se puede convertir en algo monótono y rutinario, sino que hay que poner todo el amor en cada plato y en cada servicio como si fuera la última vez. Si cada día das lo mejor de ti, el cliente volverá y esta es la recompensa”, manifiesta Margot.

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