Probablemente, tendrá muchas más. Pero, entrando en terreno certero, puedo decirles que el mar y el chocolate son dos grandes pasiones en la vida de Eduardo Liste; las que comparte con su familia, su mujer Griselda, que vive en primera persona el negocio desde hace más de una década, y su hija Verónica, que también le acompaña en esa aventura. El mar, lo contempla cada día, y con el chocolate es un auténtico maestro, lo modela en múltiples variedades que han embrujado no sólo a su paladar, sino también al de muchos otros. Pero, Eduardo no es sólo un artista con ese alimento de los dioses, créanme si también les digo que lo es cuando esculpe un pomelo rosa, un melón, una sandía, un mango de la variedad asiática llamada Alphonso o tantas cosas más, dando forma a sabores y texturas únicas que han hecho de su profesión el deleite de un gran número de personas, sobre todo de los amantes del helado. Y no de un helado cualquiera, sino del artesano, del auténtico helado italiano; el que Eduardo crea con sus manos, vistiendo unas vitrinas que de seguro han hecho, hacen y harán soñar a más de uno.
Eduardo, uruguayo de nacimiento aunque de padres gallegos, llegó a nuestro país hace ya 30 años. Se instaló en la provincia de Alicante y dirigió sus primeros pasos profesionales hacia el campo hostelero. “En España he realizado diferentes cosas en el sector de la hostelería, pero el mundo de la heladería me conquistó por muchas razones como la creatividad, la innovación… En fin, es un campo que permite a uno mismo crear cosas. Me interesé por ello y comencé a viajar a Italia, país de tradición heladera en el que hay profesionales de muchísimo nivel. Me introduje en los obradores de las heladerías de ese país para aprender. A partir de ahí, realicé algún curso para perfeccionar ciertas cosas y traté de poner en práctica en España lo que había aprendido”, afirma Liste.

 

 

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