España necesita más hoteles con relato. Con este tipo de relato. Hoteles-destino, es decir, hoteles que acaparan el objetivo mismo de un viaje. Por fortuna, el hotel Vivood no está hecho sólo para sus adentros sino que se entrega a su entorno. Esta generosidad lo hace especial. Habrá quien piense que es casi único en su especie. Que Vivood pudiera pertenecer a esta tipología de hotel-destino dependía de que hiciera suya la necesidad del exterior y que mantuviera una comunicación fluida con la naturaleza. Por eso, y mucho más, es un hotel de máxima sostenibilidad que en realidad forma parte de una idea superior consistente en tejer una red Vivood de destinos turísticos sostenibles. Pero por ahora, contentémonos con este hotel radicalmente diferente a la mayoría. Y, lo primero de todo es llegar hasta él.
Camino de nuestro destino, ya dejar atrás el muro de hormigón que ciega la costa levantina y atravesar desde Benidorm o Altea la población de interior de La Nucía -un entramado urbano lleno de buenas intenciones de arquitectura sostenible- hace sospechar que otras cosas pueden hacerse y, de hecho, se hacen. Sin embargo, parecía improbable hace años, o incluso ahora, poder descubrir un ejercicio de responsabilidad y diseño como el emprendido por Vivood Landscape Hotels si no se pusiera rumbo a él con la galería ‘on line’ de fotos previamente registrada en la memoria. Antes de la llegada hay que ascender la serpenteante C-70 hasta Guadalest. Así, entre los vértices puntiagudos de su irregular orografía, desciende un camino insospechado que conduce hasta la entrada del hotel y la única cancela que encontraremos de ahora en adelante a nuestro paso. Encaramos por fin uno de esos hoteles cuyas expectativas deben ser puestas en cuarentena. Pero también uno de los que descargan todo su potencial en pequeñas dosis hasta acabar con el redoble final a lo largo de un proceso de expectación gradual y creciente.
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