Aunque se ha avanzado en la última década, queda mucho para que la categoría de tequila y destilados de agave ocupe el lugar que se merece en el mercado español. Como nos cuenta el formador Juan Carlos Manzano, el esfuerzo debe centrarse en ampliar el conocimiento y terminar de introducir el 100% agave en los bares menos especializados
Cabe pensar si no es la categoría de bebidas espirituosas más inusual. Los destilados de agave parecen comportarse por libre, movidos por sus propios ritmos aunque acaben conviviendo con el resto de spirits. Ya de entrada, son los únicos de los que se espera encontrar sabor a la materia prima por encima de otra cosa. Sabor a planta, a tierra y a origen.
Aunque, cuando toca celebrar otro Día Internacional del Tequila como cada 24 de julio, nos cuestionamos si es realmente esa la expectativa del consumidor medio. Al menos en España. Hace una década ya se contemplaba como un mercado inmaduro pero emergente. Hoy demuestra ser la categoría más dinámica y, sin embargo, no deja al mismo tiempo de representar un porcentaje mínimo de consumo (alrededor del 1%) frente al whisky, los licores o la ginebra.
Mientras en Estados Unidos logró penetrar hasta competir de tú a tú con el whisky y el vodka, Europa se mantiene como mercado aspiracional, siempre en la lista de deseos de las grandes productoras. Si el gigante estadounidense supone la oportunidad de seguir creciendo de manera indiscriminada, el consumidor europeo es objeto de seducción. Según datos del Consejo Regulador del Tequila (CRT), España es el tercer país importador del mundo. Los números no engañan pero, ya se sabe, cabe interpretarlos según convenga. Estar en el pódium, solo por detrás de Estados Unidos y de Alemania, y por delante de Francia y Reino Unido, debería ser una noticia alentadora, pero quedarse en las cifras actuales tampoco garantiza un gran negocio a futuro. A fecha de julio de este año, los 101.631.828 litros de tequila importados, de los cuales 6.756.030 corresponden a 100% agave, se ven empequeñecidos ante los más de 4.000 millones de litros de Estados Unidos. Está claro que tampoco debe ser ese el espejo en el que mirarse, aunque la revolución del agave tiene un evidente efecto espejismo.




