Si el ‘Champagne’ es termómetro de la coyuntura económica global, el actual marco de estabilidad hace que cunda el optimismo en el ‘Comité Interprofessionel du Vin de Champagne’ (CIVC). Aunque este Consejo Regulador no se presta a hacer previsiones que puedan verse alteradas por cualquier eventualidad que llegue a malograr una campaña, es optimista por naturaleza y, dentro de la prudencia, el haber pasado de un rendimiento comercializable de 10.500 kg/ha en 2015 a 10.800 kg/ha este 2016 (una progresión del 2,8%) resulta sintomático. Y es que la tendencia mostrada en el ejercicio pasado -récord de ventas con 4.700 millones de euros (más que en 2007 aunque en aquel año se expidieran más millones de botellas)- ya dibujaba un panorama favorable que espera confirmarse al cierre del ejercicio en curso. Los cuatro últimos meses del año son los que hacen engordar las cifras del sector, “donde nos jugamos el año”, según afirma Thibaut Le Mailloux, director de comunicación del CIVC. A falta de conocer estos números finales, sí se puede confirmar que desde agosto de 2015 a finales del mismo mes de 2016, las expediciones de ‘Champagne’ habían crecido un 1% de manera global. En total, las expediciones llegaron en 2015 a 312,5 millones de botellas. Si 2015 resultó ser un año histórico también por la decisión de la UNESCO de incluir los “viñedos, casas y bodegas de Champagne” en la lista de patrimonio mundial, de 2016 se espera un nuevo balance positivo producto de un crecimiento moderado. “En principio será un buen año”, adelanta Nuria Gené, directora del ‘Bureau du Champagne’ en España. Por mucho que los espumosos locales cada vez tengan más presencia, ninguno puede hacer sombra todavía a un gigante como el ‘Champagne’, un vino producido en la región francesa homónima que se hace fuerte por el bagaje acumulado y su tradición pero que, lejos de caer en el ensimismamiento, actúa a golpe de innovación.
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