El terruño, la autenticidad, la diferenciación, la innovación y la sostenibilidad son atributos de la bodega Pradorey, al igual que se nutre de ellos La Posada de Pradorey que, levantada en un edificio de estilo herreriano del siglo XVII, no solo ofrece hospedaje sino que acaba de convertirse en un destino gastronómico, completando así su propuesta de enoturismo

La renombrada bodega de la Ribera del Duero, Pradorey, tiene orígenes Reales. Nada más y nada menos. Enclavada en Gumiel de Mercado (Burgos) en la finca histórica Real Sitio de Ventosilla, que data del siglo XII en virtud de documentos que la destacan por su riqueza cinegética, fue adquirida por la Reina Isabel La Católica en 1503. Posteriormente, en el año1600, el primer Duque de Lerma y primer ministro del Rey Felipe III inició la colonización agrícola de la finca, -declarada explotación agrícola modelo por el Rey Alfonso XIII en 1928-, así como la construcción de un palacete para hospedar al Rey, que actualmente es la Posada de Pradorey. Uno de los alojamientos más singulares que ofrece una cocina abierta al público, a escasos dos kilómetros de la homónima bodega. 

Ilustres personajes pasaron por la finca en el siglo XVII, como Rubens o Lope de Vega, que llegó a representar obras de teatro en los jardines del Palacio de Ventosilla. 

Pasaron los años sin un vestigio enológico y hubo que esperar al siglo XX, en concreto, al año 1989 cuando el ingeniero agrónomo y amante del campo, Javier Cremades de Adaro, adquirió la finca y comenzó con la plantación de las primeras 200 hectáreas de viñedo. 

La finca Real Sitio de Ventosilla iniciaba una nueva era, se erigió la bodega y la producción vinícola se puso en marcha, presentándose su primera cosecha de vino tinto y rosado bajo la marca PRADOREY en 1996. 

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