El hotel Chueca Petitpalace Hotelity, operado por la cadena hotelera Hotelatelier, ha experimentado un ‘restyling’ en las zonas comunes, y ha apostado por la firma Magasand para su oferta gastronómica, dando respuesta a una nueva generación de viajeros

El vertiginoso ritmo de la sociedad, los nuevos hábitos que aparecen en escena, consumidores con distintos perfiles, al igual que viajeros y huéspedes variopintos, con peticiones cosmopolitas pero coincidentes entre sí. Hay que saber cambiar, fluir y, sobre todo, adaptarse a las demandas de hoy. 

En esta órbita de metamorfosis, y dentro del sector hotelero, el establecimiento Chueca Petitpalace Hotelity, operado por la cadena hotelera Hotelatelier, ha apostado por renovarse para seguir recibiendo a todo tipo de viajeros, los cuales, además de una oferta satisfactoria de sus gustos, también buscan espacios amplios y equipados con todo tipo de detalles y tecnologías que hagan cómoda su estancia en los hoteles. 

Hotelatelier, que es una operadora multi-marca y multi-concepto especializada en operar, reposicionar y comercializar establecimientos únicos y que está enfocada en el desarrollo de una cartera de marcas globales de hoteles, con un espíritu y culturas netamente emprendedoras y tecnológicas, sabe adaptarse a las necesidades de cada tipología de nuevo cliente, así como a las oportunidades que ofrece cada producto hotelero. Por ello, ha querido apostar por un ‘restyling’ en las zonas comunes y una oferta de servicios en este hotel enclavado en la madrileña calle de Hortaleza. 

La idea inicial del proyecto fue tratar de eliminar el concepto y distribución tradicional de ‘lobby’ para ofrecer una experiencia diferente que de respuesta a una nueva generación de viajeros. Para conseguirlo, Hotelatelier, ha contado con el estudio de arquitectura Madrid In Love, encargado de llevar a cabo la totalidad de la reforma. 

Siguiendo esa hoja de ruta, la planta principal, a pie de calle, del Chueca Petitpalace Hotelity, cuenta con dos espacios conectados en uno. De este modo, la zona de cafetería se conecta con otra de ‘coworking’ desapareciendo la recepción tal y como estamos acostumbrados a entenderla. Para la cohesión de ambos, se combina un suelo de cemento con una pared revestida con bloques de hormigón. Dos materiales ‘a priori’ fríos que se mezclan con colores potentes como el mostaza y el azul, consiguiendo un punto acogedor gracias también a la presencia de la madera y pensado para que convivan clientes alojados con los que accedan desde la calle.

La planta baja, por su parte, se ha transformado en un área polivalente pensada para albergar diferentes actividades, como reuniones de trabajo, celebraciones o eventos corporativos. Se trata de un espacio vivo y en continuo movimiento que pretende tener la misma vida que el propio barrio en el que se halla. Su estética sigue la misma línea de la planta superior potenciando su luminosidad con un falso lucernario en el techo de luz artificial.

 

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