No se podría entender la historia de Alexander Club, hoy Alexander Cocktail Bar & Speak Easy Club sin sensibilidad, emoción y sentimiento. En 2015 se cumplen 40 años de esta leyenda viva, la cual no se puede entender sin Don Julio García Maya, alma máter del Alexander, y figura mítica del mundo de la coctelería, además de un ejemplo a seguir por los profesionales del ‘bartending’. Una historia carente de mortalidad que hoy regenta su hijo Alfonso, quien recogió el testigo hace ya 15 años, “tomándolo en cuerpo y alma con energía, compromiso y nobleza para darle continuidad en el tiempo”, como me relata Alfonso durante nuestra agradable conversación.
Don Julio, nacido en un pueblo de la provincia de Zaragoza, siempre se ha dedicado al campo de la hostelería, y desde bien joven recorrió diversos puntos de la geografía española prestando sus servicios en la profesión. De Zaragoza, se marchó a Barcelona, después a Mallorca “donde tuvo la suerte de trabajar en hoteles de súper lujo, momento en el que se empezaba a introducir el concepto de bar americano, formándose en la alta coctelería. Dos años más tarde, se trasladó a Madrid y posteriormente al Sur de España, haciendo cócteles primero en Torremolinos y luego en la costa tropical granadina, donde montó otro negocio”, señala Alfonso García Sánchez-Maya.
Pero el destino le llevó hasta la ciudad andaluza de Granada, atraído por la ciudad palatina, la Alhambra, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Allí, a raíz de un accidente que tuvo, conoció a su esposa y, desde entonces, su vida se desarrollaría en Granada y entre los aromas y sabores de otro de los grandes embrujos de esa tierra: los cócteles que preparaba en su negocio Alexander, el cual inauguró en 1975, con una gran experiencia a sus espaldas después de haber dado vida a ocho o nueve locales, y de algún modo, adelantado a su tiempo, como señala su primogénito Alfonso.
Un local que pretendía la unicidad, pero con la discreción como guía. Su puerta sencilla, de madera, se quería abrir sólo para las personas que fueran ex profeso, no deseaba ser un sitio de paso. “La idea era encontrar una calle residencial en una zona noble de la ciudad, por donde a partir de las diez de la noche sólo pasaran los vecinos y nuestros clientes. Mi padre quería un sitio donde fueran a propósito a buscarlo; buscaba la exclusividad”, detalla Alfonso.

 

 

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