No podría ubicarse en otra calle. No podría ser en otra ciudad del mundo. El aprovechamiento del rico patrimonio de Barcelona para uso hotelero es práctica común de la que a su vez los aficionados a los hoteles monumento se vienen aprovechando durante los últimos tiempos. Y es que no son pocos los ejemplos representativos de una hotelería lujosa que opta por adaptar sus hechuras a las de los inmuebles de tan rico parque histórico. Para más datos, un parque modernista en su mayoría. Palacetes urbanos que viven en la actualidad una nueva vida alejada de la función original para la que fueron levantados, generalmente como residencias de ciudadanos adinerados de la edad más dorada de aquella Barcelona de finales del siglo XIX. Como el Monument Hotel ahora. Hace falta credenciales para aguantar el peso de un nombre así. Veamos si lo merece. Mucho antes de ser designada como nueva sede de función hotelera, la casa en principio fue la del industrial Enric Batlló y, por lo que fue conocida precisamente así, como la Casa Enric Batlló -no confundir con la Casa Batlló de Antoni Gaudí, algo más abajo-. Un palacete de inspiración neogótica que fue construido entre 1895 y 1896 por el arquitecto premodernista Josep Vilaseca i Casanovas, el mismo que levantara el Arco del Triunfo como puerta imponente de la Expo de Barcelona y que sigue manteniéndose en pie al final del Paseo de Lluís Companys, no muy lejos del Paseo de Gracia donde encuentra acomodo el Monument Hotel. Evidencias suficientes, visto lo visto, que obligan a tomarse el nombre muy en serio.
Pero sigamos con la ubicación del hotel: en la manzana previa y enfrentado a él, una fachada casi gemela que es la del también hotel Condes de Barcelona, un símbolo de la hotelería local; en la manzana siguiente, La Pedrera, esta vez el gran símbolo del modernismo catalán obrado también por Gaudí. Entre ambas aceras, la avenida más modernista y arteria comercial de la Ciudad Condal: el Paseo de Gracia.




