La quietud de un sentimiento canalizado. La generosidad de un amor verdadero por su profesión que como tal no conoce intereses, sólo del beneficio por y para tan noble oficio, que no es otro que la ‘mixología’. “Estamos viviendo una época muy interesante que hay que aprovechar, más que para buscar nuestro propio bien, hay que pretender el bien futuro de nuestra profesión. Estamos sentando las bases de la coctelería en nuestro país, y de lo que hagamos ahora dependerá la percepción que el cliente adquiera de una disciplina que, aunque existía desde hace muchos años, en España ha sido un poco desconocida”, puntualiza Alberto Pizarro. Todo un mago de la coctelera, que defiende a ultranza su profesión. “Quizá por la disparidad de objetivos, la coctelería se ha abanderado de personas que en principio tienen poco que ver con la misma. El intrusismo, como en muchas otras disciplinas, está a la orden del día, y en el momento que la coctelería se percibe como algo rentable aparte de lo artístico, los que somos unos enamorados de esta profesión en su vertiente más romántica, tenemos que sabernos desenvolver en esta realidad y no dejarnos comer el terreno”, manifiesta Pizarro. No obstante su amplia formación y experiencia en este campo, Alberto no ha echado a volar su ego. Grandes dosis de humildad envuelven su labor, como demuestra al contestar a la pregunta acerca de los consejos o sugerencias que daría a los ‘bartenders’ que se inician en el mundo de la ‘mixología’. “Deberían hacerse un plan a diez años y no a seis meses, en el sentido de que conseguir éxitos inmediatos más que un triunfo es una losa. Creo que una persona tiene que empezar a publicar sus opiniones cuando realmente son opiniones propias, y hay que tener muchos conocimientos para transmitir conocimiento. Esto dicho por una persona que entiende que todavía no conoce nada de la profesión, o muy poco”, dice Pizarro.

 

 

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