El Mesón de Fuencarral cumple 85 de historia ofreciendo una tradición culinaria, que ha sabido ir al compás de las tendencias y exigencias de la clientela. Ramón Dios, tercera generación familiar, lleva el timón del local, quien se ha sumergido en una faceta de consultoría y ‘coaching’ de restaurantes desde hace años

Las pequeñas decisiones suelen cambiar el rumbo de nuestra vida. Esto mismo le ocurrió a Ramón Dios, tercera generación de El Mesón de Fuencarral y piloto comercial de formación, cuando un buen día aceptó una petición de su padre: echarle una mano en el Mesón durante dos o tres años. Pero, desde entonces, han pasado la friolera de dos décadas, 21 años para ser exactos, y ahí sigue Ramón, con ojos que delatan la pasión que siente por su profesión hostelera.        

El Mesón de Fuencarral es un restaurante que viene marcando desde hace 85 años la senda del buen comer a escasos kilómetros del ‘skyline’ de la zona norte madrileña y casi perfilando la silueta de las montañas que se vislumbran en una lejanía muy cercana.

Cercanía que también derrochan con la asidua clientela de la que hace gala el local. Y es que el sentimiento de familiaridad lo hicieron suyo desde el primer día que El Mesón de Fuencarral abriera sus puertas en 1932, con el abuelo de Ramón al frente.

“Nuestro hilo conductor se llama familia. El Mesón de Fuencarral es muy generacional, aquí han comido hasta cinco generaciones de una misma familia; algo que se hace extensivo incluso a nuestro propio equipo, ya que con nosotros trabajan los hijos de las personas que en su día estuvieron con nosotros”, comenta Ramón Dios durante nuestra agradable conversación, actual chef y gerente del local, además de haber sido presidente de Jóvenes Restauradores de Europa hasta 2015.

Un concepto familiar que también transmiten en su oferta gastronómica que, sin perder su esencia basada en los recuerdos culinarios, se ha ido adaptando como un perfecto guante a las tendencias de cada época que el tiempo ha visto pasar. “Hemos sido capaces de adaptarnos porque siempre hemos tenido una voluntad muy grande de estar enfocados en el cliente, en lo que desea. Los clientes cambian y con ellos sus gustos y costumbres. No renunciamos a ser nosotros, pero hay que estar al día, consiguiendo quitar grasas, ajustar los puntos de cocción o mejorar las presentaciones de los platos. En estos últimos 10/15 años hemos realizado una gran revolución en los procesos de cocina, en la gestión, y creo que hemos conseguido que los clientes reconozcan esa esencia y que esos platos les gusten incluso más que antes, como nos ha manifestado la clientela. El Mesón es un sitio que tiene muchos años y seguir sorprendiendo a los clientes es muy importante para nosotros”, afirma Ramón.

Los pilares de la cocina son sólidos, como se ha venido demostrando a lo largo de su casi centenario recorrido, “trabajamos la mejor materia prima que podemos encontrar  y la molestamos lo menos posible”, menciona. Esta estructura es la que rige los fogones del restaurante que sólo admiten un excelso producto guiados por la temporalidad y la tradición con la que cocinaba la abuela, es decir, de una cocina casera, que sigue impresa en la memoria de los comensales, siendo toda una leyenda culinaria algunos platos emblemáticos de la casa como “el cordero, las croquetas o la leche frita”, detalla Ramón Dios.

En este 2017, el restaurante está celebrando su 85 cumpleaños con un menú degustación para mesas completas, con esos exitosos platos de su historia y que aún se mantienen en la carta. Como entrantes proponen ‘Palitos de berenjena con salmorejo cordobés’, ‘Rodajas de tomate con bonito escabechado’ y ‘Mini ensalada de reglamento’; platos que dan paso a otros como las ‘Croquetas de la casa’, ‘Migas con chorizo’ y ‘Alcachofas con velo de jamón ibérico’. Pasando a los platos principales, el comensal se encontrará con ‘Merluza a la gallega’ y el ‘Medallón de cordero lechal’, terminando con ‘Leche frita castellana’, ‘tarta de chocolate’ y ‘hojaldre de arroz con leche’.

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