Nació en un pequeño pueblo de Verona, pero ha recorrido el mundo entero. Sus productos le han llevado fuera de su país natal, Italia, por lo ancho y largo del planeta. Seis centros de producción (4 en Italia, 1 en Bélgica y otro en EE. UU.), 40 restaurantes y 3 ‘corner’, ubicados en Londres, Luxemburgo y New York. Cifras que lo dicen todo. Una grandiosa obra erigida con un corazón humilde, lleno de pasión, perseverancia, prudencia para saber sentar los pies en el suelo antes de dar un paso y repleto de experiencia. Así se escribe la historia de Giovanni Rana.
Corrían los años 60 del pasado siglo, cuando Giovanni Rana se adentró en el campo de la pasta fresca elaborando la pasta y los rellenos de los ‘tortellini’, en un pequeño taller de San Giovanni Lupatoto, siguiendo la tradición manual de la panificadora de su familia. Productos que él mismo se encargaba de distribuir de casa en casa.
“Mi historia es la de muchos empresarios italianos, especialmente del sector agroalimentario, y en concreto del territorio veronés, en el que surgieron grandes empresas en la década de los sesenta. En esa época, se vivía un ‘boom’ económico en Italia y todo estaba cambiando. Las mujeres ya no hacían pasta en casa porque no tenían tiempo al trabajar fuera del hogar, entonces pensé que podría ser una buena idea el hacer pasta fresca, y así fue como me dispuse a ello. La demanda comenzó a crecer de tal manera que sobrepasaba la producción. Ante ello, tuve que empezar a comprar máquinas, pero como las necesitaba más grandes, me puse en contacto con una serie de técnicos para poder diseñarlas (yo sabía de pasta y lo que quería) y, de este modo, controlar la producción. Empezamos a colaborar y ya han pasado 50 años realizando esta actividad”, comenta con entusiasmo Giovanni Rana durante nuestra agradable conversación.

 

 

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