Sigue siendo una de las opciones más valoradas en el bar, el restaurante y la terraza. Hablamos con Isabel Cruz, del Instituto del Vermut, sobre el momento de esta bebida de aperitivo en España, con el auge del tardeo, de la artesanía, de la baja graduación, del cóctel y de la gastronomía como grandes claves de su actual renacer
Seguimos la estela positiva del vermut. Lo que hace unos años hubiera parecido impensable, un consumo generalizado de estas bebidas de aperitivo desde una imagen renovada, hoy nos resulta habitual. En la última década se ha disparado el número de marcas de vermut en todo el mundo. El ‘boom’ no es solo nuestro.
Aunque el caso español tiene sus propias lógicas. A España le gusta el vermut, anda por aquí desde que entró a Reus desde Italia a mediados del siglo XIX. Sea como fuere que el consumo desde entonces ha evolucionado dentro y fuera del hogar, el consumidor español parece no querer renunciar al momento aperitivo, a la consabida hora del vermut, como vía de socialización clave para entender los motivos de su renacimiento.
Pero la experiencia de consumo no se limita a este ritual de domingo sino que cada vez más se alarga con la fórmula del tardeo durante el resto de la semana, entendido ya este fenómeno como tendencia global. Incluso se permite un acercamiento al producto premium, algo que incita a apostar por el valor añadido. El clima de oportunidad se fragua en un momento propicio para las bebidas de baja graduación alcohólica.
De acuerdo con estimaciones del Ministerio de Agricultura y de la Asociación Española de Elaboradores y Distribuidores de Vermouth (ANEV), se destinan cada año en España a la producción de vermut unos 400.000 hectolitros de vino, un 2,5% de la producción total de vino blanco. Mientras la demanda en Horeca de bebidas espirituosas se resiente, el pasado 2024, por ejemplo, subió la del vermut un 9% y la del bíter un 4%, según Nielsen IQ.




