El restaurante de María Gómez y Adrián de Marcos, ubicado en la zona portuaria de Cartagena, continúa su evolución con el objetivo de encerrar en sus propuestas de vanguardia toda la esencia gastronómica de Murcia

Magoga, la casa soñada por María Gómez y Adrián de Marcos, empezó siendo una modesta casa de comidas pero en ni siquiera 4 años de andadura ha llegado a ser uno de los restaurantes gastronómicos más interesantes de Murcia y uno de los que mejor representan su excelsa, rica y plural despensa.

Su alma máter es María Gómez, que desde pequeña supo que quería ser cocinera. Su vocación le llevó a formarse en la Escuela AIALA de Karlos Arguiñano en Zarautz (donde conoció a su compañero profesional y sentimental, Adrián de Marcos) y en el Basque Culinary Center de San Sebastián. Compartió su cocina con sus mentores: Juan Mari Arzak y Ferran Adrià (en elBulli) y de la mano de Xabier Gutiérrez, uno de los investigadores del laboratorio de Arzak, abrazó y aprendió a perfeccionar sus técnicas.

María se ha ido confirmando como una de las chefs más prometedoras del panorama actual gracias a una cocina sensible y pausada, sin estridencias, en la que confluyen elaboraciones tradicionales con las propias de alta cocina y que tiene siempre a Cartagena como musa y fuente de inspiración. Su cocina se nutre de los fresquísimos pescados y mariscos de sus lonjas, de las variadas frutas y hortalizas que crecen a orillas del río Segura en la huerta murciana y de sus carnes que con frecuencia se incorporan a arroces y guisos tradicionales, así como de los productos únicos de la tierra. El resultado es una carta que varía al son de las temporadas.

En Magoga las comandas fluyen con soltura gracias a un competente equipo de sala dirigido por Adrián de Marcos, madrileño formado en AIALA y en Zuberoa, junto a Hilario Arbelaitz, un servicio que cuenta con el asesoramiento de Abel Valverde, ‘maître’ de Santceloni. Así, el restaurante cuenta con una bodega que atesora 300 etiquetas, entre las que se incluyen añadas antiguas y botellas numeradas, y un carro de quesos que completa la carta de postres con una selección de 50 piezas de temporada, nacionales y de importación.

El local se estructura en un comedor principal, un reservado y un salón íntimo que acoge únicamente dos mesas. El hilo conductor de este ambiente íntimo, natural y sofisticado es el omnipresente Mar Mediterráneo.

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