Los profesionales de la hostelería han ido introduciendo productos de IV y V Gama en sus preparaciones de cada día conscientes de los beneficios que suponen para sus negocios pero también del incremento de la calidad y los estándares de seguridad
Los chefs españoles llevan años advirtiendo que la presencia de IV y V Gama en sus cocinas es ya casi una obligación tanto por los beneficios económicos y laborales que suponen para sus equipos como por los altos estándares de calidad y variedad que ya aportan estas referencias.
Y es que la diferencia entre tener que lavar y preparar una verdura en ese momento o utilizar una ya lista para servir o la de contar o no con una base precocinada para algunos de los platos tradicionales que se incluyen en el menú, puede llegar a ser una rebaja en los costes importantísima tanto de tiempo como de energía y equipamiento que se pueda necesitar.
“En comparación con la primera gama, los productos de IV Gama generan un ahorro operativo significativo, que puede alcanzar entre el 20 y el 30%, al reducir tiempos de preparación, mermas, necesidades de limpieza y espacio de almacenamiento”, explica Jorge Moreno, portavoz de Afhorfresh, la Asociación Española de Frutas y Hortalizas lavadas, listas para su empleo.
Eso contabiliza las posibilidades de mejora en la calidad de vida para los trabajadores de las cocinas donde se viene reclamando desde hace años algunos cambios que permitan lograr la conciliación familiar y la reducción de unos horarios tan intensos.
“Este tipo de eficiencia no sólo mejora la rentabilidad, sino que también permite al hostelero adaptarse con agilidad a un entorno cada vez más competitivo”, añade Moreno.
Pero estos cambios son posibles sobre todo por el esfuerzo que han realizado las empresas productoras de IV y V Gama por mejorar la calidad y la variedad de su oferta con unos estándares de seguridad alimentaria que alcanzaron su tope después de la pandemia y que han ido mejorando cada día.
En el caso concreto de la IV Gama, es decir frutas y verduras frescas que han sido ya lavadas, cortadas y preparadas para su consumo, ofrecen una clara ventaja operativa ya que además de ahorrar muchos minutos a la hora de organizar un menú también consiguen reducir las mermas, uno de los mayores dolores de cabeza de los restaurantes, puesto que se puede controlar mejor el uso de los excedentes, y, sobre todo, “garantizar que la calidad de lo que se sirve es siempre la misma”.




