Querido hotel… Podría ser el encabezamiento de una sentimental misiva, una carta de amor a un lugar incondicional. Con apenas unos meses de rodaje parece apresurado tal declaración y entrega pero al menos este hotel se presenta con toda la intención de permanecer en nuestra memoria. Todo se andará. Poco a poco. Nos estamos presentando. Encantado de conocerte. Pero claro, la primera cita ya promete: ¿podemos decir que a día de hoy es el hotel con mejores vistas de Madrid? Claro que podemos. Dear Hotel seduce desde las alturas. No necesita ser un gran rascacielos, tan sólo ocupar el último número -el 80-, antes de llegar al edificio España. Al final de la Gran Vía madrileña, cuando ya parece que se acaba todo lo que se daba una vez se ha dejado atrás los teatros a mayor gloria de un pseudo Broadway que no termina de ser de primera, el nuevo Dear Hotel se anticipa al futuro de una Plaza de España que ya tiene previsto despegar y convertirse en otra cosa. Y falta que le hace. Antes, por tanto, de que el grupo chino Wanda se ponga manos a la obra y de que el resto de proyectos hoteleros protagonicen la fisonomía y configuración de la nueva plaza, la familia Sebrango, propietaria del hotel Chiqui en la playa del Sardinero de Santander, desembarca en Madrid con una propuesta hotelera de condición ‘boutique’ y confort depurado y que lleva la firma del Estudio Sandra Tarruella. Curioso: si la Gran Vía arranca en el hotel The Principal, con menos de un año de vida, cierra su paseo castizo con Dear Hotel. Al menos, de momento. La elección de este enclave y que se haya escogido un antiguo edificio de oficinas del año 1945, un inmueble más bien estrecho de evidentes hechuras neoclásicas, se suman a la idea de que el lujo hotelero se está acostumbrando a adaptarse a espacios reducidos y verticales, a no dar más que lo que interesa, a limitarse a unos lugares comunes básicos pero jamás a renunciar a la conquista de los cielos. No hay Spa en el hotel ni tampoco gimnasio, la sala de reuniones del sótano es una y no muy grande, el único bar se traslada a la azotea y parece bastar. Son los nuevos tiempos de la hotelería urbana.
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