Por fin llegó el día. El hotel con el que Madrid había soñado durante meses se hizo realidad este mismo febrero a mayor gloria de la Gran Vía, en cuyo número 2 toma cuerpo la que sin duda es gran novedad hotelera del año, una promesa no por cercana menos esperada. Las expectativas alimentadas en los mentideros periodísticos y en las listas de aperturas pendientes hacían de la inauguración del The Principal Madrid Hotel un punto de inflexión en el calendario madrileño y su visita una cuestión de obligado cumplimiento. Dicho y hecho, con el hotel ya abierto y operativo, se inicia una nueva etapa del lujo en la capital. No es el primero ni será el último, pero The Principal nace como un hotel en el que muchos habrán de fijarse si quieren contribuir al cambio de fisonomía y renovación de aires en la hospitalidad de bandera de una ciudad dispuesta a torcer el rumbo de su destino. Algunos datos a modo de antecedentes hacen que se entre en calor. Nada más encarar la bisagra vértice que separa la calle Alcalá del inicio de la Gran Vía, los pasos se dan de bruces con la esquina de un edificio de gran nobleza proyectado en 1914 por los arquitectos Eduardo Gambra Sanz y Antonio de Zumárraga para servir de sede al club de la Gran Peña, una sociedad de ilustres de la época formada principalmente por militares de alto rango. La Gran Vía empezaba a tomar forma y los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia inauguraban el edificio en mayo de 1917, como certifica una placa ubicada en el ‘hall’ de la primera planta que todavía ve desfilar a algún que otro socio un siglo después de sus primeras tertulias y timbas de casino. Es el acceso al portal principal, porque para dar con la entrada al hotel, y a su único reconocimiento en toda la fachada, hay que desviar la mirada a la calle Marqués de Valdeiglesias. Es allí donde, calladamente, The Principal se abre a sus visitantes. Una puerta y un paso discretos para al final reencontrarse en el tercero de los Único Hotels, la (mini) cadena de establecimientos exquisitos de Pau Guardans, fundada para abrazar hoteles de lujo independientes como el Único, también en Madrid, y el Grand Hotel Central, en Barcelona. Como ‘hotelier’ de marcado perfil viajero, Guardans define el nuevo lujo en edificios históricos localizados en puntos neurálgicos de las grandes ciudades, convertidos en espacios muy cosmopolitas de hospitalidad sofisticada, sin desmesura alguna, y en referentes dentro del vecindario de turno. Tecnología punta, informalidad ‘chic’, convivencia con la comunidad. Son “los cinco estrellas” de su tiempo.
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