Hablamos con Jean-Paul Bouyat, presidente de Espirituosos España, sobre las previsiones del sector, la evolución del consumo, y las exigencias en materia de responsabilidad y sostenibilidad real
Como cada año, a final de ejercicio, nos interesa hacer balance del sector de las bebidas destiladas. En esta ocasión agradecemos a Jean-Paul Bouyat, tras su renovación en la presidencia de Espirituosos España, ser nuestro interlocutor para ofrecer todas las claves y motivaciones que, desde la federación, nos ayudan a entender la actualidad de una industria tan estratégica.
Cabe avanzar que 2025 será el tercer año consecutivo de caída del consumo de bebidas espirituosas. Esta previsión ligeramente a la baja se enmarca en un contexto de retroceso del consumo global propiciado por una suma de factores que alimentan la incertidumbre. Sin embargo, el presidente Bouyat resalta las virtudes del caso español como un modelo responsable y moderado basado en un estilo de vida propio, sujeto además a una dimensión social que tiene en la hostelería a su principal agente de prescripción y conexión entre producto y consumidor.
Es la evolución de este la que marca la foto fija. El consumo fuera de casa, siendo mayoritario, tiende a ser cada vez más exigente. El consumidor, al aumentar su consciencia, obliga a las marcas a demostrar mayor transparencia y a liderar una sostenibilidad real vinculada a una nueva mentalidad del lujo responsable. Al mismo tiempo que se asienta el liderazgo de la producción, el éxito de las exportaciones y la pujanza de las Indicaciones Geográficas, siempre imprescindibles como garantes de la identidad y la diferenciación.
En este avance se consolida el concepto premium más allá del precio. La experiencia se posiciona como el motor que impulsa a las categorías. Y la innovación, en ingredientes, procesos y formas de consumo —NoLo incluido—, evidencia que quedan fronteras por superar antes de caer en el conformismo. La fuerza del sector, ante un panorama cambiante, sigue siendo la unidad.





