Paco Patón, con su primer proyecto propio, defiende la hospitalidad y los sabores de siempre. Su terraza, un oasis de vegetación y paz en pleno barrio madrileño de Chamartín, es un refugio donde disfrutar de platos frescos, verduras de temporadas ensaladas, escabeches y arroces, que capturan la esencia del verano en la ciudad
El restaurante La Fonda de la Confianza es el primer proyecto personal de Paco Patón, un referente en la restauración de la capital española. Fue director de Gastronomía en el Hotel Urban, donde lideró los restaurantes Europa Decó y Cebo, y Premio Nacional de Gastronomía al Mejor Director de Sala. Paco siempre ha defendido la importancia del servicio, área que considera como su verdadera vocación, con la hospitalidad como su principal bandera.
En el número 1 de la calle General Gallegos, en el barrio de Nueva España, el comensal sabe que allí, tanto en su coqueta terraza llena de vegetación como en el interior del local, va a comer muy bien, sin prisas y va a sentirse en todo momento bienvenido. Su “fonda contemporánea”, como él mismo la define, es una celebración de la hospitalidad auténtica, la cocina de mercado y los sabores de siempre, que este verano brillan especialmente en una carta de lo más veraniega con sus ya célebres escabeches, sus finísimos arroces que evocan la playa y platos frescos como protagonistas.
En La Fonda de la Confianza, que debe su nombre al de un merendero inventado por Emilia Pardo Bazán en su novela “Insolación”, no hay turnos para comer o cenar. Aquí se entiende la sobremesa como una parte esencial de la experiencia gastronómica. En su terraza, las comidas se alargan especialmente entre confidencias, copas bien servidas y una propuesta gastronómica que funciona sin descanso ya que la mayoría de sus platos están disponibles también entre servicios. “Llevamos cuatro años y poco a poco vamos sumando llenos”, afirma el anfitrión de esta casa con orgullo, porque para él, llenar a diario es el mayor de los reconocimientos: “La felicidad del cliente es nuestra prioridad y nuestra intención, hacerle sentirse como en su propio hogar”. Pero no en cualquier hogar, sino en uno bien atendido, con cariño y profesionalidad.
El servicio, un equipo involucrado y motivado, se adapta a las necesidades y preferencias de cada comensal para fluir con él y su cocina, marcada por la temporada y los caprichos del mercado, se mueve entre lo popular y lo burgués con sabores reconocibles y platos tradicionales, algunos casi olvidados, pero arraigados en la memoria de varias generaciones.




