Hay personas que nacen con las ideas claras y saben a lo que quieren dedicar su vida sin un solo atisbo de duda. Otras, como María José San Román, van permitiendo que la corriente les lleve por donde ella estima que deberían ir, y acaban desembocando en un enorme mar con infinitas posibilidades, sin casi planteárselo. Hoy María José es una consolidada chef con nombre propio, que recuerda con cariño y algo de nostalgia -la voz que se le escapa durante nuestra agradable conversación la delata-, los primeros pasos que dio en el universo culinario. “Con 20 años estaba casada, y a mi marido le gustaba mucho comer bien. Él siempre dice que todo empezó cuando me regaló la Enciclopedia Salvat de la Cocina de diez tomos. Probablemente venga de ahí, de querer hacer bien las cosas en casa para mi familia y de empezar a bucear en libros y en recetas para hacerlo en casa como tanta gente”, relata la chef. De ahí, de querer sorprender cada día a sus tres hijos y a su marido con el menú del día, también de haber mamado distintas gastronomías desde la infancia, la asturiana por su madre y la castellana por su padre; de leer incesantemente bibliografía culinaria tanto francesa como inglesa, “porque ahora aquí se publica mucho, pero en los 80 no había prácticamente nada. Yo estaba suscrita a revistas francesas, siempre he viajado y he comido en muchos restaurantes, que eso es un bagaje muy importante”. Mientras crecían sus hijos, y con ellos las ganas de María José de mejorar en los fogones, su marido abrió La Taberna del Gourmet, que actualmente cuenta con 37 años de recorrido y constituye el buque insignia del Grupo Gourmet Alicante, que incluye tres establecimientos más: el asador mediterráneo La Vaquería, el ‘late night’ estilo neoyorquino TriBeCa, y por último, la joya donde María José ha depositado todo su esfuerzo, galardonado recientemente con la Estrella Michelín, el Restaurante Monastrell. Antes de emprender el proyecto Monastrell, la chef alicantina adquirió desenvoltura en el prestigioso Restaurante Neichel, bajo las directrices de Jean-Louis Neichel, que tal y como ella explica “me dejó meter la nariz absolutamente en todo lo que quise. En Neichel empecé a ver la parte profesional y a quitarme el miedo de llevar un restaurante”. Un año estuvo María José en estas cocinas, “volví a Alicante, abrí un taller cerca de La Taberna del Gourmet y les hacía los postres. Le presto mucha atención a la repostería, la parte del dulce me parece muy interesante y creo que la desarrollo con bastante gracia -cuenta-. Al poco tiempo, cerraron un restaurante en la localidad, mi marido vio la oportunidad y quiso que montásemos uno juntos. Y así lo hicimos, en un chalecito de la playa de San Juan, en Campello, abrimos lo que ya por aquel entonces, en 1996, quería que fuese un restaurante Michelin”. Cuatro años más tarde decidieron cambiar la localización y situarse al lado de La Taberna del Gourmet. El último y definitivo emplazamiento, el actual, es el Hotel de cinco estrellas Hospes Amérigo, donde desde hace cuatro años San Román sirve sus ‘delicatessen’ a una clientela local, pero también extranjera debido a su estratégica localización. La cocina que allí se practica es de terruño, local y con especial atención al producto. Luego, por supuesto, la chef se encarga de imprimir su seña de identidad en cada receta. “Vivimos en una zona muy rica gastronómicamente hablando, y me centro mucho en la cultura mediterránea y levantina: las verduras, los arroces, los pescados de bahía, los frutos secos, los cítricos, los aceites… Estoy muy volcada en el estudio del producto local y me doy cuenta de que eso es lo que atrae a la gente a comer a mi casa por no encontrarlo en otros sitios. Cuanto más aprecien mis clientes lo que se come en Alicante, más contenta estaré yo”.

Leer el artículo completo en la revista