El palacete que fue la casa de Ortega y Gasset y del torero “Manolete”, hoy es un proyecto de restauración único, con caché y una ubicación Premium en Córdoba, con diferentes conceptos que muestran a la clientela el rico patrimonio enogastronómico andaluz. Además, el edificio acoge un centro de formación

Historia, cultura, sueños, fragmentos de vivencias humanas… Morada de artistas en sus diferentes disciplinas. Un lugar para cosechar recuerdos y generar emociones, que, a día de hoy, se traducen en caprichos para el paladar y en bienestar para el alma. Todo eso y mucho más es La Casa de Manolete bistró, dirigida por el chef Juanjo Ruiz y Remedios Romero, directora de la casa y anfitriona de la sala.  

Una iniciativa culinaria hospedada en un palacete de estilo colonial que destila ciencia y conocimiento por todos sus poros, y que además está protegido por el Plan General de Ordenación Urbana de Córdoba. En él residieron ilustres personajes del mundo de la cultura y del espectáculo. Fue el hogar del filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, construido por su padre José Ortega y Munilla en 1890. Unas décadas más tarde, en 1915, lo vendió al alcalde la ciudad de Córdoba Rafael Cruz Conde que también era bodeguero, ubicándose su instalación vinícola en la calle La Bodega, en los aledaños del propio palacete; casi como una premonición de lo que siglos más tarde sucedería entre las paredes del vecino palacete que, de alguna manera, ya intuía una vinculación con la gastronomía, como menciona Juanjo Ruiz durante nuestra agradable conversación. 

Además, en esa época, el palacete fue visitado por el Rey Alfonso XIII en uno de sus viajes a Córdoba. De las manos de Cruz Conde, el edificio pasó en 1942 a las del entrañable “Manolete”, Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, una gran figura del toreo de todos los tiempos, “que la transformó y amplió con la adquisición de un edificio contiguo” señala el chef. Pero, pocos fueron los años que el torero habitó en ella, a penas un lustro, cuando en una tarde del mes de agosto de 1947 le sorprendió la guadaña en la arena de la plaza jienense de Linares. 

Y, tras algún que otro cambio de titular, con el pasar de los años, el palacete se apasionó del anhelo de Juanjo y Remedios que no era otro que el querer mostrar su historia al mundo y cautivar los sentidos con uno de los grandes placeres de la vida: la comida. 

“Queríamos hacer algo único y exclusivo en la ciudad. Estábamos enamorados de esta casa y nos apenaba verla en ruinas, un lugar con tanta historia y único en el mundo. Todas las personas conocían la casa por fuera, pero muy pocas habían entrado, y nosotros quisimos abrir sus puertas y que la gente pudiera disfrutarla y sentirla como suya. ¿Y qué mejor manera que hacer un traje de luces de la gastronomía como nosotros decimos?  Pretendíamos que se disfrutase a través de la gastronomía, la concordia y la tertulia, un sitio para estar a gusto, en el que encontrar intimidad, tenemos salones privados, e incluso ser visto. 

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