Keli viene al mundo en el madrileño y prestigioso barrio de Salamanca

Un lugar donde todo se comparte, se conversa, se disfruta de su sobremesa, de sus copas y en donde el tiempo no tiene prisa. Sus diferentes ambientes: Biblioteca, Salón, Cocina, Comedor, Bodega y Sala de Juegos invitan a sentirse como en casa

En el número 12 del Paseo de la Castellana nace Keli. Un restaurante de barrio que llega para ser un punto de encuentro, con mesas y una oferta pensada para compartir y un ambiente que invita a disfrutar sin prisas, que homenajea la sobremesa y presenta un ticket medio accesible que invita a volver.

La oferta gastronómica de Keli es una cocina española casera para picar entre todos, incluso el pan y los postres se hacen en el local, y en la que no puede faltar una buena sangría. Desde clásicos del aperitivo como el jamón ibérico cortado a cuchillo, la cecina, las gildas, las croquetas o los bocatines, hasta platos que nunca fallan como la ensaladilla rusa, pimientos con ventresca, patatas bravas, tortillas, huevos estrellados, gambas al ajillo, almejas en salsa verde, chipirones en su tinta o callos a la madrileña. La carta se completa con carnes y pescados de los de siempre: merluza a la romana, albóndigas con patatas paja, pluma ibérica, dados de solomillo, steak tartar o rib eye. Con postres que ponen el broche de oro como la tarta de limón “Homenaje a Embassy”, milhojas o tarta de chocolate a lo golfo.

Keli, que abre desde por la mañana ofreciendo suculentos desayunos, se divide en tres alturas con diferentes espacios: Biblioteca, Salón, Cocina, Comedor, Bodega y Sala de Juegos. El interiorismo lo firma Rockwell Group en su primer proyecto gastronómico en España. Materiales cálidos, cerámicas artesanales, maderas, piedra y latón envejecido construyen un espacio con memoria, pensado para usarse y vivirse.

En la planta a pie calle están la Biblioteca, el Salón y la Cocina. La Biblioteca da la bienvenida entre arte, techos altos y color. El Salón, cálido y luminoso, invita a que las sobremesas fluyan y se alarguen. La Cocina, abierta y sin filtros, deja ver al equipo en plena acción. En la planta de arriba, el Comedor y la Bodega se disfrutan desde las alturas: el Comedor es ese corazón de casa donde todo pasa alrededor de la mesa, y la Bodega aporta un punto íntimo que recuerda a esas casas donde cada botella guarda una historia. Y en la planta de abajo, la Sala de Juegos concentra ese cuarto al que siempre se lleva a los amigos cuando una casa se convierte en el mejor plan: la música se elige entre todos, cócteles, carta de comida propia y una selección de juegos para jugar y compartir tiempo. Además, esconde un recoveco dedicado a la buena música, donde la barra de cócteles está rodeada de vinilos y referencias que evocan recuerdos. Todo convive de forma natural, con espacios privatizables integrados en la vida diaria del restaurante. Y pronto pondrá en marcha su terraza para seguir acercándose al barrio y sacar la vida a la calle.

 

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