La trattoria-pizzeria Il Gelatone ofrece una cocina sencilla elaborada con excelentes productos, de los que un 90% se adjudican a la empresa Negrini, y asequible a todos los bolsillos. Sus platos revelan una perfecta fusión entre ingredientes italianos y españoles.

Eligieron una bonita población costera en la provincia de Girona, L’Estartit, Giancarlo Macchi y su esposa Manuela cuando un buen día decidieron poner rumbo a nuestro país en busca de algo nuevo, algo diferente, como me comenta Giancarlo durante nuestra agradable charla. Cuando tocaron suelo en tierra española, aunque ya conocían la Costra Brava en términos vacacionales, traían en su equipaje una gran experiencia en el campo de la hostelería. Un sector al que se ha querido dedicar Giancarlo, desatendiendo incluso los consejos de su familia de elegir una carrera funcionarial.

Giancarlo y Manuela se conocieron en Milán, ciudad lombarda de la que es originario Giancarlo, aunque Manuela es toscana, y allí en la capital del diseño, la moda y las finanzas hicieron sus primeros pinitos hosteleros, con el aval de la familia de Manuela que venía de ese mundo profesional. “Realicé un curso de pastelería y heladería en el Politécnico de Comercio de Milán y transformamos un local de mi suegra en una heladería. Como a principios de los años 80 estaban muy de moda las ‘paninotecas’, a la heladería la añadimos una sección de ‘paninoteca’ y de esta manera nos introdujimos en el mundo de la hostelería propiamente dicho. Además del entusiasmo de la juventud, íbamos acumulando experiencias, amplié mis conocimientos y dimos un salto abriendo un ‘self-service’ en un polígono industrial milanés y tuvimos bastante éxito”, relata Giancarlo. Pero, aquello se le quedaba pequeño a Giancarlo y ese fue el ‘leimotiv’ de llegar a L’Estartit a mediados de los años 90. Y, desde entonces, se suman 23 años al frente de Il Gelatone.

Hoy trattoria–pizzeria, lo que fue heladería en el momento de su inauguración. “Comencé haciendo helados, pero como yo no quería trabajar solamente en la temporada, y además mis hijos estudiaban en Barcelona, montamos una cafetería en la ciudad a la que pusimos el nombre de Toscana. Pero un día se liberó un local al lado de nuestra heladería en L’Estartit, lo cogimos y ampliamos nuestro local ofreciendo también ‘pizza’. Posteriormente, la oferta fue sólo ‘pizza y más tarde se convirtió en una trattoria-pizzeria. Y así fue como dejamos la cafetería en Barcelona y nos trasladamos al L’Estartit”, explica.

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