El restaurante cántabro El Remedio experimenta un continuo crecimiento desde su apertura. Su numerosa clientela ha hecho que el establecimiento se adecúe a esa demanda dedicando más espacios para la degustación gastronómica. Además organizan eventos y la celebración de bodas va en aumento

Cuando Samuel Fernández fundó el restaurante El Remedio junto con su esposa Caterina Santucci, lo hizo con sólidos cimientos. La excelsa materia prima, que hace que el producto sea la estrella en sus fogones y en la mesa; la cocina sencilla, ligera y de sabores limpios que se practica en el mismo, de carácter sostenible, son elementos que han hecho crecer de forma progresiva a este establecimiento. Hoy en día, se halla en la lista de restaurantes Bib Gourmand de la Guía Michelin.

Desde sus comienzos, allá por el año 2011, el restaurante gastronómico denominado El Remedio ha sabido conquistar a paladares de muy diversa índole y lugar. No solo a los lugareños, sino también a una clientela más allá de sus lindes. Tanto es así, que la encantadora casita de piedra que lo hospeda ha experimentado una transformación para acoger, con los brazos abiertos, a un mayor número de comensales.

Antes de traspasar el umbral de su puerta, hay que hacer una referencia obligada a su privilegiada ubicación. En un remanso de paz, en la localidad cántabra de Ruiloba, a dos kilómetros de Comillas, se erige un auténtico templo culinario que, ya de entrada, encandila por su paraje natural. Por uno de sus lados, El Remedio encara al Mar Cantábrico divisándose unos acantilados que ofrecen unas espectaculares vistas. Y, por otro, el cliente se topa con una ermita del siglo XIX, testigo de los gustos y conversaciones de los comensales.

El horizonte de naturaleza es infinito. Salud para la mente y para el cuerpo, porque la cocina de Samuel se empapa de las tendencias de hoy.

En la terraza, en los porches o en el interior del local se puede saborear la oferta gastronómica que brinda El Remedio. Inicialmente el comedor se encontraba únicamente en la planta baja y en la zona de la terraza sólo servían bebidas y raciones pero, debido a la gran demanda del público, actualmente también ofrecen comidas en la terraza. Asimismo han tenido que habilitar el piso de arriba, que estaba destinado a almacén, convirtiéndose en otro comedor, como indica el ‘maître’ Rubén Feijoo.

Además, no podemos olvidarnos del espacio por el que se accede al interior del local, la ‘gastrotaberna’, en la que igualmente se pueden degustar los platos con los que cuentan, que se rigen por el mercado, estando elaborados con productos de estación que despliegan lo mejor de sus bondades para ser cocinados de forma ligera, porque como indica el propio Samuel “desgrasamos los platos”.

La temporalidad marca la oferta, pero también tienen una serie de recetas que no pueden quitar de la carta porque la clientela así lo solicita. “Por ejemplo, de estos platos destacaría los ‘Fritos de rabo de toro con salsa barbacoa y mostaza de remolacha’, la ‘Cebolla rellena de lechazo’, el ‘Pulpo encebollado’, las ‘Rabas de calamar’ o las anchoas. Al mismo tiempo, se van introduciendo platos nuevos, este año hemos metido una ‘Ensalada de sepia cocinada a baja temperatura, con cebollita encurtida y mayonesa en su tinta’, una ‘Ensalada de espinacas con queso de Liébana con frutos secos, uva y aliño de vinagre de Modena y vino de Oporto’” señala Feijoo.

Leer el artículo completo en la revista