Uno de nuestros bartenders más internacionales, David Ríos, es testigo en primera línea de los mercados globales de espirituosos. La ginebra fue su primer destilado fetiche para el que hoy apunta una vuelta a las raíces, así como la resiliencia del gin tonic
Se viene avisando que la ginebra, un espirituoso que protagonizó hace no mucho su reinado inédito, está en una nueva fase. Puede que un momento valle avalado además por encadenar el consumo de bebidas destiladas un periodo de caída en volumen (2019-2025). El ejercicio pasado se repitió una contracción respecto al año anterior (entre el 1,5 % y el 2 %), con lo que las ventas totales siguen por debajo de los niveles marcados antes de la pandemia. La ginebra no es una excepción.
Sin embargo, es una categoría con rasgos singulares. Sigue ocupando la segunda posición en las preferencias de consumo, por detrás del whisky, tal y como refleja el informe anual de Espirituosos España, y mantiene una cuota significativa en Horeca: alrededor de los 5,6 millones de litros, según la estimación de Statista para bebidas espirituosas en España. Los bares y restaurantes son todavía la palanca imprescindible de su consumo. Pero parece ser el momento de reordenarse y de que todo vuelva a la normalidad, de fijarse de nuevo en las ginebras valor seguro para combinados pero también para cócteles en cualquiera de sus interpretaciones.
Puede que el concepto premium y super premium, además, con el que tanto se ha identificado a la ginebra también esté inmerso en su propia encrucijada, algo que obliga a replantear la elección de consumo. De estas circunstancias, así como de la transparencia de la ginebra como gran atributo, lo mismo en un gin tonic como en un Dry Martini como cóctel clean por excelencia, hablamos con David Ríos.





