Se formó junto a grandes maestros japoneses y ya cuenta con varios negocios entre Barcelona y Madrid, como Monster Sushi o Robata, donde la técnica es purista y la propuesta fusiona sabores internacionales
La venezolana Fabiola Lairet es, lo que podríamos decir, una mujer hecha a sí misma. Lleva 20 años dedicada a la gastronomía asiática y, lo que comenzó como un ‘hobbie’ recién cumplidos los 40, ha terminado siendo un negocio de éxito. Es una de las pioneras en obtener el ‘Sushi Proficiency Certificate’ expedido por la ‘All Japan Sushi Association’: es la primera mujer en España -hay una decena- y la 75 del mundo, de un total de unos 800 ‘sushi chefs’. Cuenta con cinco establecimientos entre Barcelona y Madrid y un plan de expansión que le llevará a seguir abriendo nuevos restaurantes en los próximos meses. A lo largo de los años, esta mujer tenaz y perseverante, ha ido de depurando su técnica y aprendiendo de los mejores hasta llegar a la cima en la que se encuentra en la actualidad.
El punto de partida de esta envidiable trayectoria fue un curso de cocina mediterránea en la Escuela Bellart, a los cuatro años de aterrizar en Barcelona. En su casa, de manera autodidacta, se desenvolvía con soltura en la cocina oriental y, con el tiempo, fue realizando pequeños cursos para perfeccionar esta destreza, empezando por la cocina vietnamita e introduciéndose, después, en la china. Fue una de sus profesoras quien le impulsó a montar un ‘delivery’. “Todo empezó a pasar muy rápido” y en 2010 abrió Monster Sushi; “todo un atrevimiento”, nos cuenta. Admite que en aquel momento no sabía nada del sector de forma profesional y montar un ‘delivery’ “no tiene nada que ver con un restaurante. Aprendimos a golpes, fue como gatear hasta aprender a caminar”. Monster Sushi empezó siendo un restaurante dedicado a las cocinas japonesa, vietnamita, tailandesa o china. “Era un concepto raro, no se entendía bien. Gustaba porque era muy exótico, pero había que ir depurándolo”. Y así fue como optó por centrar su oferta en la cocina japonesa fusión. “Era lo más ‘trendy’ en ese momento y se podía tener un buen ticket medio”. Sin embargo, pronto reparó en que le faltaba mucha formación, tanto a ella como a su equipo. “Yo, al menos, tenía el paladar muy desarrollado; desde pequeña me había gustado mucho comer, había viajado con mis padres y luego por mi cuenta”.




