En el inmenso mapa hotelero, crisis o no aparte, hay espacio para todo y para (casi) todos. Cada proyecto es un mundo nuevo, a veces más profundo e interesante cuanto menor sea la escala de este. La personalidad de los más pequeños a veces gana la partida a los mayores, siempre perdidos en la difícil tarea de diferenciarse unos de otros sin querer separarse de lo que los hace realmente iguales. No es el caso del hotelito de Koldo Otxandio, -nótese que para empezar ya anticipamos nombre y apellido, con lo que eso significa en cuanto a proximidad- al que nos acercamos siguiendo el curso de la ría de Bilbao. Bien cerca de uno de los recodos en su margen derecha hallamos un alojamiento vasco de pura cepa, de esencia vasca o 100% vasco, como le gusta hacerse visible al Basque Boutique. Ongi etorri.Lo dicho, esto es puro Casco Viejo de ‘el bocho’, como para no saber de qué estamos hablando: la Catedral de Santiago o el Teatro Arriaga, por ejemplo, pero sobre todo desfile peatonal de fiesta consagrada a la ruta de los ‘pint-xos’, santo grial de la vida local que atrae a gente de todo el mundo como si el Guggenheim no saciara suficientemente el apetito. El poteo es religión, entre ‘txikiteros’ o sin ellos, pero para entregarse a los secretos de ‘Las Siete Calles’ es mejor dar buen uso del Euskotren en la estación de Casco Viejo, del metro o del mismo tranvía. Del coche hay que olvidarse, bien aparcado en El Arenal, tanto para darse una ronda de potes como para franquear las puertas de un hotel que todavía puede decir que está dando sus primeros pasos al haberse inaugurado en febrero del año 2013. Nuevo, como aquel que dice, es hermano pequeño del Botxo Gallery, un albergue justo al otro lado del Museo Guggenheim al estilo de la nueva generación de ‘youth hostels’. En cuanto al Basque Boutique, se define por sí mismo: es vasco y es ‘boutique’. Asentado en un edificio emblemático del barrio con más de cien años de historia, el carácter del hotel, antes que conceptual, está marcado por su estructura de madera. Luego se concreta el contenido final por el que no cabe más que determinar que estamos ante un hotel temático.
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