Otra edición más de madrid- fusión, y ya van 14, echaba a andar el pasado día 25 de enero, convirtiendo a la capital de España por unos días en epicentro mundial de la cocina y foco de tendencias globales. Todo ha girado en torno a la gran cuestión planteada por esta cita internacional: la identificación del lenguaje que define esta etapa que vivimos, cuando la vanguardia culinaria en nuestro país y en el mundo ha iniciado senderos tan fascinantes como diversos, e irrumpe el que parece que será un tiempo nuevo. “El lenguaje de la postvanguardia”, pues, marcaba madridfusión2016. La primera jornada matutina comenzaba con las ponencias de Paco Morales, quién presentó lo que será Noor su nuevo restaurante cordobés; Paolo Lopriore, acompañado del diseñador y escultor Andrea Salvetti, un encuentro que dio forma a una cocina que se abre al comensal creativo, en la que los platos se terminan en la mesa gracias a los elementos de menaje incorporados por el diseñador; David Thompson con su “Reinterpretación tailandesa”, el occidental que mejor ha sabido interpretar e integrarse en su legendario imaginario gastronómico; y Josean Alija, el cocinero de Nerua, quién explicó las bases conceptuales sobre las que se sostiene su cocina esencial, poniendo en valor el producto a través de elaboraciones muy sofisticadas, pero a la vez extremadamente puras. Estas ponencias precedían al plato dulce de la mañana, el particular homenaje de este año a los protagonistas de la revolución golosa en España, cocineros y pasteleros que han situado a nuestro país en la vanguardia dulce mundial, como Martín Berasategui, Jordi Roca, Albert Adrià, Jordi Butrón y, por supuesto, Paco Torreblanca, entre otros, acompañados de las monjas clarisas del convento de Belorado, en Burgos. Culminaban el cartel matinal figuras como Quico Sosa, Ricard Camarena o David Muñoz.

 

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