El orgullo de una profesión

Fusión de caracteres y una marcada personalidad le abanderan. Un hombre de retos marcado por sus raíces catalanas enarbolado por un espíritu regio de la ciudad que reside, Valladolid. A la temprana edad de 23 ya era empresario de un negocio de hostelería en la capital pucelana, sector en que hizo sus primeros ‘pinitos’ con 16 años trabajando de extra los fines de semana, y que le convenció para abandonar los estudios de informática que cursaba. Así, de este modo, se sumergió de lleno en el apasionado mundo que hay detrás de la barra, en el que ya lleva 20 años. Con el pasar de los años empezó a encandilarle la magia de la coctelera. “Empecé a descubrir que la coctelería me ayudaba a transmitir la inquietud y la creatividad que tenía. Era como un lienzo en blanco para mí”, afirma Juan Valls, un ‘bartender’ que suena fuerte en el campo ‘mixológico’.
Un apasionado de su profesión que la defiende y ensalza a capa y espada. “Practico gastronomía líquida en aras a dignificar la coctelería, porque no deja de ser una oferta gastronómica de cualquier ciudad. Siempre he llevado a la barra las tendencias gastronómicas, soy una persona que devora libros de cocina y que siempre me ha gustado mucho cocinar. Por ello, muchas de las técnicas que he aprendido cocinando las he aplicado para la evolución de mis cócteles. Tengo mucha influencia de la gastronomía española, que es un referente mundial. No podía tener mejor inspiración”, manifiesta Valls.
Desde hace años, la ciudad de Valladolid lleva disfrutando de sus cócteles que no requieren de etiqueta en su local El Niño Perdido Cocktail Bar. “Hacemos una coctelería muy desenfada, con un servicio nada encorsetado, buscando sorprender al cliente, no sólo en sabores sino también en el modo de presentación de los cócteles, tanto en nombres de los mismos como formulación o cristalería. Incluso la decoración de nuestros cócteles suele ser muy divertida, desde una simple corteza de naranja, a un globo de helio con forma de corazón, hasta el obsequio de unas narices de payaso por ejemplo. Un cóctel bien elaborado con ese toque sorprendente para arrancar una sonrisa al cliente y hacerle sentir que en El Niño Perdido Cocktail Bar va a vivir una experiencia única”.

 

 

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