El Grupo Bar Galleta, de Carlos Moreno Fontaneda, miembro de la conocida firma galletera, ya cuenta con cinco restaurantes en la capital. Sus propuestas gastronómicas, la decoración de sus espacios, la carta participada por los clientes y el carácter solidario de los restaurantes son sus pilares

van cinco. Este el número de los locales que dan forma al Grupo Galleta. “El grupo nació con el Bar Galleta en 2014. Cuando abrí ya sabía que quería tener varios, de ahí el nombre de Grupo Bar Galleta. Mi ideal sería acabar haciendo hoteles. En la misma filosofía. Lugares únicos”, así pincela, a grandes rasgos, la idiosincrasia de todos los establecimientos su propio progenitor: Carlos Moreno Fontaneda.

¿Fontaneda? Sí, han pensado bien. Carlos es miembro de la conocida familia galletera y, con sus hábiles dotes empresariales, está levantando templos gastronómicos con vinculación personal que están dando mucho que hablar. “Desde pequeño me han encantado siempre los restaurantes y los hoteles. Es una mezcla de pasión por la gastronomía y la decoración. Me encanta comer. Y me encanta la decoración. Así que para mí la mezcla perfecta es un sitio bonito donde se coma bien. Cuando viajaba encontraba muchos sitios especiales que no veía en Madrid. Por eso me animé a abrir mi primer restaurante”, comenta Carlos, que señala que no hay ningún miembro de su familia trabajando en los restaurantes, aunque su madre aporta mucho a las recetas. Además, tiene un socio, Javier Oyarzabal, que trabaja en el grupo.

Cada uno de los restaurantes tiene su propia personalidad, pero con un aire que denota la relación fraternal entre ellos. “El denominador común de los cinco son los espacios. Lugares donde sentirse a gusto. Y una comida con una buena relación calidad-precio”, detalla su artífice. Unos espacios que, a simple vista, encandilan por su entrada de luz natural y la cálida iluminación, que les caracterizan. Además, hacen partícipes a los clientes en la carta de los establecimientos, restaurantes que tienen un carácter solidario, ya que la dirección de los mismos dona el 1% de los beneficios derivados de la exhibición de unas obras a organizaciones benéficas propuestas por los clientes.

Demos un paseo por todos estos restaurantes.

El primero en llegar a la capital española fue el Bar Galleta, en el número 31 de la Corredera Baja de San Pablo. “Yo vivía en la calle Colón, arriba de la Corredera. Pasaba a menudo por esa calle. Siempre me gustó Malasaña, que para mí es el ‘soho’ madrileño. Cuando vi el local lo tuve claro. Un edificio antiguo con solera. Una calle con historia. Ahí tenía que estar el Bar Galleta. Picando las paredes mostrábamos el ladrillo y las maderas antiguas. Abrimos los ventanales que estaban recortados. Quería dotar al restaurante de un aire antiguo, como si siempre hubiera estado ahí. ‘Boiseries’ antiguas, suelos de maderas recuperadas. Publicidades antiguas. Lámparas de los 60. Todo es antiguo en el Bar Galleta. Todo excepto las bombillas. Quizás este ambiente bohemio y la luz cálida es lo que caracteriza al restaurante. Todos nuestros clientes piensan que tiene una atmósfera especial”, describe su creador.

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