Oroviejo Restaurante-Gastrobar es un local con historia que ofrece una oferta gastronómica diferente en la ciudad de Salamanca, brindando una experiencia completa a la clientela

Tiene tan solo cuatro años de edad. Pero sus cimientos son firmes y sólidos desde que vino al mundo. Oroviejo Restaurante-Gastrobar sabía lo que quería, y no es de extrañar, ya que sus hilos los mueve Héctor Carabias. Un reputado chef y restaurador salamantino al que le avalan innumerables premios y reconocimientos, además de una gran experiencia adquirida no sólo en el restaurante familiar denominado El Corrillo, sino también la aprehendida en las mejores cocinas de nuestro país al lado de grandes figuras como Quique Dacosta, los hermanos Roca o Hilario Arbelaitz, por ejemplo. Sin olvidarnos de las enseñanzas de su madre y de las que recibió en la escuela de cocina de Luis Irizar.

“Oroviejo se construyó en 2015 y es una apuesta culinaria que he hecho con la intención de aportar a Salamanca un sitio donde la gente tenga una experiencia gastronómica y no sólo a nivel de producto, -con sensaciones gustativas diferentes a las que pueda conseguir en otro establecimiento-, sino también del propio local”, señala su chef y propietario en el transcurso de nuestra agradable conversación.

Sorprender al cliente a nivel global es el eje de este restaurante-gastrobar de la bonita ciudad de Salamanca, “la pequeña Roma”, como comenta Héctor que denominan a esta tierra castellano-leonense. Todo un espectáculo monumental y con historia del que se ha hecho eco el propio local que alberga a Oroviejo. “El local tiene más de 300 años y está protegido por Patrimonio. Fue la casa del renombrado poeta del siglo XVIII Juan Meléndez Valdés y, además, es uno de los dos edificios existentes en la ciudad que se encuentra abovedado. De hecho, el restaurante, que se halla en la parte inferior, y que debió de ser una bodega porque hay un lagar, cuenta con ese techo abovedado en ladrillo. Además, una buena parte de las paredes del local en sí, de un metro de grosor, están recubiertas por la piedra Villamayor, denominada el oro viejo de Salamanca porque, debido a sus características, al nacer y ponerse el sol, éste la concede ese color. De ahí el nombre del restaurante”, explica Héctor Carabias.

Como ven, historia no le falta a este templo del buen comer, que fue rehabilitado en 2014, y que abre sus puertas de martes a domingo desde las 12.00 hasta las 17.00 horas y desde las 19.30 hasta la media noche.

Ese tributo a elementos salamantinos, también se refleja en sus platos, que saben vestir con la solera de antaño y con la modernidad de los tiempos de hoy. “El 70% de las elaboraciones que realizo podría definirlas como cocina de vanguardia, porque siempre intentamos estar a la última en las técnicas. Pero, al mismo tiempo, nuestra idea era también recuperar esos sabores antiguos. Tenemos un horno de leña, de un barro característico de Pereruela (Zamora), en el que además de preparar nuestros típicos asados como el cochinillo, el cordero o el cabrito, también ahumamos navajas, chipirones, pulpo…, e incluso hasta tenemos un helado ahumado, al que llamamos helado a la brasa.

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