El mundo de los destilados es un viaje fascinante por la sostenibilidad, que tiene como guía la calidad. Un binomio indisoluble que se demanda y se aprecia en nuestro mercado español. 

Las empresas del sector promueven una agricultura sostenible y protegen la biodiversidad, reducen los residuos (de hecho, el 93% de los residuos sólidos de las fábricas destinadas a la elaboración de bebidas espirituosas se recicla, una tasa que no ha dejado de crecer desde 2008), apuestan por los subproductos orgánicos generados por la transformación de las materias agrícolas; minimizan el consumo de energía en las fábricas; invierten en la gestión del agua de las destilerías y plantas embotelladoras; además de evaluar el impacto de C02 de los envases, tal y como detalla Espirituosos de España en su Informe Socioecnómico correspondiente al ejercicio de 2019.

Además, el sector de los espirituosos contribuye a la creación de empleo en nuestro país, por cada empleo directo se generan 9 empleos indirectos e inducidos, del cual el 84% corresponde a la hostelería y restauración. Y es un importante sector contributivo a las arcas del Estado, habiendo versado el año pasado 1.458 millones de euros. El 73% de la recaudación por impuesto especial sobre alcohol recae en el sector de bebidas espirituosas, como refleja Espirituosos de España en dicho informe.

Respecto al consumo de las bebidas alcohólicas cabe decir que el pasado año se comercializaron más de 200 millones de litros en España, adjudicándose la hostelería el 60% del consumo, del que un 58% se produce en bares y cafeterías, un 25% en hoteles y restaurantes y un 17% en el segmento de ocio nocturno, según se desprenden del meritado informe. 

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