Entre tradición y creatividad se desarrolla la cocina de la chef mexicana Betty Vázquez que, como embajadora de la gastronomía de la Riviera Nayarit, la lleva consigo allá donde va. Sus platos destacan por el equilibrio y la comunicación de sus ingredientes entre sí

La quietud del tiempo es uno de los secretos de la cocina de Betty Vázquez. Recetas enriquecidas con ingredientes especiales: el cariño y el respeto por el producto y por el comensal, que encajan a las mil maravillas con las materias primas que componen sus platos. Unos platos ricos de sabores en los que existe una profunda comunicación y equilibrio porque, de comunicación, está llena la esencia de Betty.

Una chef que cambió su atuendo de piloto para ponerse la chaquetilla de cocinera buscando el anhelo más grande del ser humano: la felicidad. “La cocina es un grado de felicidad enorme. A pesar de las muchas horas de trabajo, la emoción me gana cuando en un plato veo el resultado de un esfuerzo. La cocina es un motivo para crear, crecer y comunicar lo que son las cosas en un plato. Si se logra una comunicación clara y concisa se puede hacer magia en la cocina”, detalla Betty Vázquez durante el transcurso de nuestra agradable conversación.

Originaria de San Blas, una pequeña localidad a orillas del Pacífico mexicano y donde se ubica su restaurante El Delfín, en el Hotel Garza Canela, Betty Vázquez es una de las cocineras más brillantes de México y el máximo exponente a nivel internacional de la gastronomía marinera de Riviera Nayarit, el nuevo centro de desarrollo turístico del país. “Tengo la responsabilidad de llevar la gastronomía de Riviera Nayarit al mundo y a través de los sabores de mi tierra se puedan identificar las regiones, saborear los espacios y se pueda tener una memoria gustativa de un viaje, para mí es muy importante que la gente que come en mi casa al regresar a su hogar no sólo hable del paisaje, de los  buenos momentos o de la historia del lugar, sino también de lo que comió, y que cuando esté hablando de ello tenga la sensación que las papilas gustativas salivan. Si es así, entonces, hice bien mi trabajo” comenta Betty.

Su vocación fue tardía, pero amplia su experiencia. Comenzó su carrera culinaria en la prestigiosa escuela Le Cordon Bleu de París y después la continuó en los mejores restaurantes de México, Estados Unidos y Europa. En España tuvo la oportunidad de trabajar junto a Juan Mari Arzak, de hacer un seminario con Albert Adriá en Barcelona; de conocer a los mejores cocineros de Madrid, San Sebastián y Bilbao; de realizar cursos en Italia con cocineros de la talla de Valentino Mercatilli,  en  Imola (tres estrellas Michelin); de trabajar con los grandes maestros chocolateros belgas y suizos, y de visitar las cocinas de Grant Achatz, Alice Waters o Nobu en EE.UU. y de Pierre Gagnaire, Alain Ducasse o Michel Rostang en París. Además, en su ‘curriculum vitae’ hay que añadir su participación en los más importantes congresos y encuentros gastronómicos a nivel mundial codeándose con los chef más prestigiosos de cada país; así como la participación en el programa televisivo Master Chef México, del que es jurado desde su inicio en 2015.

Su abuela fue su gran mentor, su resorte motivador y su crítico al mismo tiempo en esta andadura culinaria. La enseñó a extraer el sabor de cada alimento y a ser paciente con los fuegos, mientras que la inquietud de Betty y su afán por investigar, crear y fusionar distintas culturas creció al ritmo de una cuidad tan vibrante y con tanto turismo internacional que pronto la convirtió en una mujer curiosa, abierta de mente y deseosa de conocer mundo.

“Mi abuela siempre me incitó a ser creativa en el respeto a la tradición. Me animó a no cerrar los ojos a nuevos productos, a abrir mi paladar a nuevos sabores y a experimentar”, puntualiza la chef.

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