El restaurante Café Balear es una referencia en Menorca y el buque insignia del Grupo homónimo formado también por la Pizzería Roma y Pins 46. La frescura y alta calidad de sus productos, garantizada a su vez por la propia embarcación que posee la familia Caules, se acompaña del carácter sostenible y del buen servicio

No se podía haber encontrado un titular más apropiado que el propio eslogan de un negocio que desde siempre ha trazado una unión indisoluble entre lo que ofrece el mar, el Mediterráneo, en este caso, y una buena gastronomía. 

Esta es la razón de ser del Grupo Café Balear, el cual se fundó con el Café Balear en 1970 por el abuelo de Josep y Francesç Caules, miembros de la tercera generación de la familia Caules, quienes hoy han cogido el timón de los locales que forman esa saga hostelera, que también comparten con la valiosa experiencia de sus progenitores, porque aún no se ha producido del todo ese relevo generacional.

Café Balear, buque insignia, nació en la localidad menorquina de Ciudadela, siendo una tasquita. Un punto de referencia para los pescadores, en la que se podía disfrutar del pescado que el abuelo de Josep y Francesç traía directamente desde sus redes hasta la taberna, encargándose su abuela de darle forma en la cocina.

Con el pasar de los años, en 1983 el padre de estos dos hermanos decidió hacerse con las riendas del local y, con la segunda generación al frente, llegó la evolución de esa taberna que miraba de frente al mar, como no podía ser de otra manera, hasta casi convertirse en un verdadero restaurante, pero teniendo muy presente esa base de cocina marinera. “Mi padre fue introduciendo algún plato más elaborado respecto a la ensaladilla, los caracoles de mar, las gambitas o las sardinas que se ofrecían anteriormente. Posteriormente, tuvimos que cambiar de ubicación y nos trasladamos a unos 50 mts y eso marcó el cambio evolutivo hacia lo que es un restaurante propiamente dicho. Se amplió la cocina y la sala, las mesas se vistieron con manteles y la oferta gastronómica añadió más referencias y más elaboradas”, detalla Josep, con quien hemos tenido el placer de conversar.

Una revolución culinaria que se extendía más allá de los lindes del establecimiento, de hecho, la oferta gastronómica también comenzó a diversificarse en otros espacios y con otras fórmulas para llegar a un amplio espectro de público. “Compramos otro local en una casa antigua muy bonita que había sido un horno de pan y en él abrimos la Pizzeria Roma en 1992, en la que además de ‘pizzas’, realizadas en horno de leña y con ingredientes de la isla, ofrecemos pasta y ‘risotti’, pudiéndose también degustar una buena carne o un buen pescado; es decir, hacemos una cocina italiana pero con esencia menorquina, con nuestro producto. Posteriormente, en el año 1995 adquirimos una embarcación de pesca propia de arrastre en la que faenan siete marineros. Con ella dimos el salto de calidad, como teníamos ya dos restaurantes necesitábamos mucho género. Tenemos una materia prima que es casi imposible de conseguir, la barca llega a las cinco de la tarde y dos horas más tarde tenemos el producto en el local a punto de servir. Esto es un valor añadido para los locales, ya que como comentó a los cocineros Ferran Adrià, que vino este verano al Café Balear: “El producto que tenemos es oro”. Además de estos dos locales, en 2014 abrimos Pins 46, un restaurante-vermutería, que tiene una oferta de tapas y medias raciones para compartir, con el mismo producto que en los otros dos establecimientos, pero con un toque más desenfadado, sin mantel y con una buena selección de vinos por copas y vermús, aunque si uno quiere terminar con una carne o pescado, se le prepara. Pins 46 es un nuevo proyecto con el que también estamos encantados, el cual está ubicado en un local muy bonito que posee un patio interior muy mediterráneo y típico”, señala Josep.

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