Nacida en Soria y criada entre fogones, en los que ha visto guisar a su madre y a su abuela, la chef Elena Lucas es la tercera generación que se ocupa del restaurante familiar, acompañada de su marido Diego, que es el jefe de sala y el sumiller. El nombre de este restaurante tiene una curiosa historia, que también deja entrever ese candor que emana de un agradable núcleo familiar: “el nombre del restaurante tiene su explicación en que el apellido de mi abuela era lobo; pues bien, como era la más pequeña de sus hermanos y en los pueblos se suelen poner diferentes apodos acabó siendo conocida como La Lobita, y así se bautizó después al restaurante”, relata Elena.
Además de su pasión por la cocina, y sus antecedentes familiares, Elena cuenta con el tercer ingrediente secreto para que todo aquel visitante de La Lobita quiera repetir: un entorno único en medio de la naturaleza ubicado en Navaleno, Soria.
Desde el propio restaurante, que cuenta con unos grandes ventanales se puede observar un increíble pinar, “es sólo andar unos pasos y ya estás en el monte”, explica la chef, que además se puede permitir el lujo de ser ella misma la que recolecte en este paraje los ingredientes que después utiliza en su cocina. “Utilizo piñas, recojo flores…que después utilizo a la hora de cocinar, es un lujazo tener todo esto al alcance de nuestra mano. El cliente que viene a nuestra casa sabe que va a comer lo que acabamos de recolectar”, añade Elena.
Aunque Elena y Diego son las caras visibles de este restaurante, la chef cuenta que La Lobita sigue siendo un restaurante familiar en el que sus padres colaboran: “Es cierto que la responsabilidad del cargo la hemos tomado nosotros, pero mis padres siguen trabajando aquí, de hecho mi madre está conmigo en la cocina. En total, somos seis trabajadores, una especie de pequeña empresa familiar”.
Antes de embarcarse en este proyecto, Elena estudió en la Escuela de Hostelería de Soria, donde conoció a su marido, y realizó sus prácticas en el AC Hotel Santo Mauro de Madrid. Después de este tiempo, decidió plasmar sus inquietudes culinarias en el negocio familiar dándole otra visión. De eso han pasado ya 12 años.
Leer el artículo completo en la revista




