Hay hoteles empeñados en vivir alejados de la realidad y hoteles que sienten el pálpito de la calle y corren a poner su reloj en hora. Hay cadenas como Vincci Hoteles que, sin llegar a inventar nada, quieren estar dentro de este segundo grupo estrenando hoteles modernos, estilosos, vitales, entendibles y, aún así, lujosos. Aunque para según qué cosas la Gran Vía de Madrid ande a la deriva, hay que reconocer que en cuestión de hotelería se está actualizando, como cabría esperar de un filón urbano que debiera ser vanguardia y escaparate que enseñar al mundo entero. Vincci Hoteles ya tenía en esta misma calle el Vincci Vía 66 y el Vincci Capitol, éste último todo un emblema para la cadena de la familia Calero al ocupar el mítico edificio Schweppes. Desde hace escasos meses suma un hotel más a la lista y nos atrevemos a augurar que aspira a convertirse también en todo un símbolo. Es Vincci The Mint, un hotel bonito, social, rabiosamente actual y genuinamente de la Gran Vía. Y sí, decorado en verde menta. Aunque en esencia muy diferente a sus otros dos antecesores, Vincci The Mint se vale de un edificio singular en el que mostrarse, un inmueble construido entre 1916 y 1919 cuya fachada atesora un importante valor artístico. La renovación a la que se vio sometido tiene que ver con la inversión millonaria del Grupo Generali y con la gestión del especialista inmobiliario de este destacado grupo asegurador. Desde la calle, la entrada comparte protagonismo con el restaurante contiguo, circunstancia que priva al hotel de desplegar mayor poderío espacial en el interior. Sin embargo, gana el pulso al valerse de un acceso que, si bien resulta algo discreto desde lejos, concentra en la puerta el foco de todas las miradas. Las hojas correderas de cristal dan paso a un pasillo verde convertido en un expositor de bebidas gigante. Así se entra en The Mint. Con esta declaración de principios plasmada por el interiorista chileno Jaime Beriestain, el cuatro estrellas recibe al huésped sin que éste todavía haya descifrado el enigma. Entre ginebras, ‘whiskies’ y vinos. Desde luego, no es el paso habitual a un hotel.




