La cocina del chef Sergio Bastard es muy personal, utiliza productos del territorio, Cantabria, y trata con mucho mimo el producto. Los sabores son los protagonistas en sus platos y tiene predilección por el mundo vegetal

Cambió la toga por el atuendo de chef. Su amor por la cocina no le vino de cuna, pero desde que asistió a su primera clase culinaria supo que eso sería lo suyo. El moverse entre fogones y la hospitalidad que este mundo implica era el destino que le esperaba a Sergio Bastard, del que está plenamente convencido, algo que irradia con los comensales. 

“Me gustaba comer, pero no cocinaba, lo más que había hecho de cocina era un bizcocho con mi madre y poco más. Mi hermana salía con un chico que era cocinero, me explicaba cosas y me comentó de la escuela de Luis Irizar en San Sebastian. Y en un momento determinado dije: voy a cambiar de vida, y me fui a esa escuela.

La cocina nunca fue mi vocación, pero cuando escuché la primera lección con 23 años, me enamoré de ella y, desde entonces, se convirtió en una vocación”, detalla el chef.

A partir de ahí, comenzó el periplo en esta profesión de Sergio Bastard. Un chef nacido en Barcelona, criado en Valladolid y “adoptado” territorialmente hablando en la región de Cantabria, y residiendo desde hace nueve años en la ciudad de Santander.

Un palacete del siglo XIX llamado La Casona del Judío, le esperaba para marcar un nuevo rumbo gastronómico. “Entré aquí para dar un cambio al restaurante, hace cuatro años me hice con el 60% del local y desde hace dos años di un giro a la propuesta gastronómica del restaurante”, comenta.

El bonito edificio de La Casona del Judío llama la atención en sí mismo, y adentrarse en su interior supone una armonía de luz natural entrando por sus grandes ventanales, iluminando el comedor con una depurada decoración en la que conviven la madera y la piedra. Actualmente, todo el local se ha convertido en un espacio gastronómico, ya que anteriormente la zona de puerta de calle tenía la naturaleza de bistró, encontrándose el restaurante gastronómico en la parte de abajo, como señala el chef.

Asimismo, hay que señalar que el local cuenta con reservados y una amplia zona exterior de ‘chill out’ destinada a la celebración de eventos, así como una coquetuela terraza donde poderse tomar un ‘snack’.

Pero, ¿cómo es la cocina que quería implantar Sergio Bastard?

“Muy personal, siguiendo nuestro camino, y en la que utilizo productos de aquí; quiero que la gente cuando entre en el restaurante se dé cuenta de que estamos en Cantabria. Además, busco que los sabores hagan que sea algo especial., que ninguno enmascare al otro. Con nuestra cocina intentamos contar cosas, vivencias, sensaciones. De hecho, muchas personas, incluso críticos, me dicen: “Veo un plato y sé que es el tuyo por la forma de componer, de pensar…”.  Tengo una cocina muy definida y nunca me he dejado llevar por las modas. Cuando voy a una ciudad busco raíces. Por ejemplo, yo sigo trabajando el bonito del norte, aunque el atún rojo esté muy de moda.

Nuestra cocina es una evolución constante, entra un nuevo producto, lo trabajamos y lo introducimos en el menú; en fin, vamos metiendo cosas y sacando otras en función de la temporada”, manifiesta.

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