La ciudad necesitaba un bar donde continuar la noche sin bajar el ritmo con un buen cóctel en la mano. Lovo llegó para llenar ese vacío así que hablamos con Frank Lola sobre la propuesta, la vida de Josephine Baker y la suya como ‘bartender’ formador
Frank Lola es un habitual de las barras y la formación del sector de las bebidas en España. A sus 39 años, este madrileño de madre guineana y padre jienense empezó en esto casi de casualidad y, completando un importante currículo, hoy lidera en el barrio de Las Letras de Madrid un local festivo y bailongo como Lovo.
Todo en Lovo gira alrededor de la vida de Josephine Baker, icono de los años veinte, desde la teatralidad del decorado a los cócteles. La intención fue reproducir el ‘glamour’ y el frenesí de aquella época alocada. Si entras a Lovo a cualquier hora de la noche, sabes que te espera un cóctel con una presentación llamativa y la música adecuada para no desfallecer. Frank Lola, el hombre detrás de la idea, nos cuenta los detalles.
¿Cómo empiezas en el sector?
“Para mí todo empieza de rebote en 2003. Llegué a Londres para aprender inglés un par de meses. Yo iba para fisioterapeuta, nada que ver con la profesión. Pero comencé en Oxigen Bar, típico bar del centro de una ciudad al que entra mucho turista y que está muy orientado a vender, con un gran nivel de vida nocturna, un local de noche y de copas. Pero la coctelería estaba integrada, así que igual que hacías cócteles hacías jarras de sangría. Empecé como barman, pasé a jefe de barra y cambió radicalmente mi carrera. Entré en el Regent Palace Hotel, uno de los más importantes que había, un edificio de principios del XIX con dos salas que se convirtieron en Astor, donde más me desarrollé como ‘bartender’. Es el antiguo Atlantic Bar donde estaba Dick Bradsell, el creador del Espresso Martini. Teníamos la barra Dick’s Bar con mucho volumen pero de calidad. De ahí di el salto a eventos singulares para ‘celebrities’ y casas privadas con una empresa que se llamaba Create Cocktails (Sweet&Chilli), y luego a la destilería de Beefeater. Al final acabé viviendo casi siete años en Londres trabajando en coctelerías de peso y alrededor de primeras espadas, con mucha humildad pero con muchas ganas de comerme el mundo”.




