Todo en Salamanca es sinónimo de historia. Todo tiene su poso salvo la juventud de los estudiantes que a diario durante el curso escolar corretean por el empedrado o se arremolinan en los rincones más discretos de la ciudad vieja. Todo ha sido filtrado por el paso del tiempo. Así que no es de extrañar que el parque hotelero de Salamanca deba encajar en este contexto y haga uso de este riquísimo patrimonio. Parque hotelero, por cierto, que no se queda pequeño a pesar del tamaño de la ciudad. Y es que la importancia de la “muy noble” y “muy leal” -entre otros títulos- ciudad universitaria hace que no sean pocos los hoteles reseñables que alberga en su seno. Uno de ellos, aunque no uno de tantos, es el hotel Hospes Palacio de San Esteban, una de esas joyas que reparte méritos entre su valor material, espiritual y hospitalario. Un palacio con historia que se acomoda a los nuevos tiempos que reclaman un confort exquisito y real, así como un buen ramillete de detalles de los que presumir. Y gozar. Lo que pide, en definitiva, un hotel que queda en la memoria. La semblanza de un establecimiento que en realidad no llega a su tercera temporada de vida invita a recordar algunos datos que han ido marcando su camino en el pasado. Detrás del hotel hay historia con mayúsculas, pero asimismo algunas historias a pie de página que lo han acompañado. Entre estos últimos hitos, el hecho de que ya tuvo una primera vida de hotel a partir de su inauguración en el año 2003 hasta pasar a manos de la cadena Hospes. Deja en ese momento atrás un marcado acento de hotel de negocios y de paso para convertirse desde su reapertura en el verano de 2013 en un hotel más selecto, como cabría esperar. Aunque es difícil medirse a verdaderos santuarios modernos de la distinción hotelera de la cartera Hospes, lo cierto es que incluso como hermano menor el Palacio de San Esteban no defrauda y queda a la altura de las circunstancias. Hospes sigue mostrándose como equivalente del buen gusto, del buen hacer y del bien querer a sus huéspedes. Y por mucho tiempo, esperamos.




