En pleno centro de Madrid, y en el histórico edificio que albergó la primera sede de la Bolsa entre otros destinos, este restaurante ofrece una cocina italo-castiza de calidad hecha con pasión, cariño y profesionalidad a sus comensales, que también pueden disfrutar de una zona de coctelería de autor

Esta es una entrañable historia de emociones y de pasiones compartidas, que la otorgan, aún más si cabe, un mayor valor añadido.

Todo empezó cuando Andrea Calzoni, amante de saborear la vida, y conocido como Andrea Tortuga, -más adelante verán porqué-, dejó su Italia natal para llegar hasta la isla canaria de Fuerteventura en 2005. Una vida que comenzaba de nuevo, a sus 30 años, movido por su gran pasión: el mar, la vela, el windsurf. Surcar el mar bebiendo el viento, disfrutar de las olas y del placer de una buena charla con los amigos llevaron a Andrea a encontrar una profesión distinta a la que puso fin en su tierra de origen. Allí dejó atrás su mundo de contable, y su “casi” licenciatura en economía empresarial, los análisis financieros y demás labores numéricas. Pero sus dotes en la materia, le han venido muy bien para abrirse un camino de gestión, con amplios conocimientos, en el campo de la hostelería, porque ella se ha convertido en su motor laboral llegando a su vida casi de forma fortuita, como suele llegar todo aquello que hace girar el rumbo de lo trazado.

En ese clima de relax y bienestar y de reuniones con los amigos no tardaron en llegar las fiestas. “Empezamos a organizar fiestas en la playa las noches de luna llena, con música, fuego, barbacoas… Y aquello fue tan divertido que lo transformamos en un evento mensual, al principio acudían solo amigos pero, más tarde, una escuela de windsurf donde yo trabajaba me brindó la oportunidad de realizar las fiestas abiertas al público, y fue todo un éxito”, detalla Andrea. Tal fue la acogida de estas fiestas, que le llevaron a plantearse la idea de ofrecer un escenario propio para la organización de las mismas. “Pensé en abrir un bar y se le llamó Tortuga, de ahí el nombre de la primera empresa Tortuga Conexión”, comenta. Un bar divertido y lleno de vida que vino al mundo en la isla en 2008. “El bar triunfó y conseguimos transmitir la filosofía de pasarlo bien, la cual quise extender a un concepto de restaurante y así nació Taberuga, La Taberna del Tortuga, un restaurante italiano algo inconformista que refleja la tradición sin rigurosidad porque si tenemos que modificar un poco las recetas para hacerlas más buenas, lo hacemos. El restaurante funcionó muy bien y a los pocos años decidimos abrir un tercer local, Dock Grill Rock, un ‘grill’ bar con alma rockera y carne de alta calidad, con excelentes precios”, comenta.

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