Las verduras representan uno de los alimentos más básicos de nuestra dieta, ya que aportan numerosos beneficios para la salud como fuentes de vitaminas, minerales y fibra. Sin embargo, el actual ritmo de vida que impide comprar diariamente producto fresco hace que la verdura congelada sea una solución rápida y fácil, ya que mantiene todas sus propiedades y puede permanecer almacenada en el congelador durante mucho tiempo. En España, además, estamos de enhorabuena porque según ASEVEC, la Asociación Española de Fabricantes de Verduras Congeladas, la industria registró en 2016 los mejores datos de la última década, con un crecimiento de la producción del 8% en 2016 y del 50% en los últimos diez años. Esto también se debe, en parte, a la gran aceptación de los vegetales congelados fuera de nuestras fronteras, ya que exportamos más de lo que consumimos, en concreto un 57%, principalmente a Francia, Reino Unido y Alemania. Según una información facilitada por ASEVEC, “el brócoli español sigue siendo la verdura más demandada del mercado, especialmente en el extranjero”, donde hemos enviado el 81% de la producción (datos referentes a las empresas de la asociación, que representan el 95% de la producción nacional). A este vegetal, le siguen los guisantes y los pimientos. En cuanto al resto de productos destinados a la ultracongelación, las espinacas, la cebolla, las judías verdes redondas o las zanahorias son otros de los productos con mayor producción en nuestro país. En el caso de los profesionales de la restauración, los vegetales congelados representan también una solución con numerosas ventajas para su labor diaria, como apuntan desde Findus Foodservices: facilidad de conservación y preparación, ahorro con respecto a productos frescos, larga vida útil, reducción de mermas de producto, menor trabajo a nivel de preparación y son altamente higiénicos.
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