El Brandy de Jerez muestra siglos de historia, con solera, y espíritu joven para tomar el relevo generacional de los consumidores de este destilado procedente de la uva. Las categorías de más alta calidad son las que presentan una mejor evolución en el mercado

El mercado lo tiene fácil. Los consumidores son fieles a los cánones que vienen marcando desde hace tiempo. Calidad ‘versus’ canBrtidad, preferencia por las categorías Premium de los productos, y que éstos hablen de su historia y tradición en lenguaje moderno.     

Con estas premisas, hacemos saltar a la “palestra” en estas líneas a uno de nuestros orgullos nacionales: el Brandy de Jerez. Un espirituoso con solera y alcurnia desde su creación, que cuenta con un Consejo Regulador para controlar cada paso de tan noble producción. Precisamente de nobleza entiende el Brandy de Jerez desde su origen, ya que como mencionan desde el propio organismo “en la materia prima objeto de la destilación radica una de las diferencias básicas del brandy respecto a otras bebidas espirituosas; pudiendo ser considerada como la más noble de todas ellas”. No hay que olvidar que el brandy se obtiene a partir de aguardientes y destilados de vino, en contraposición a la de cebada, las melazas o la patata, que son el origen de otras bebidas destiladas. Cabe indicar que para la obtención de esos aguardientes y destilados de vino sólo son objeto de destilación vinos limpios, es decir, separados de sus lías, equilibrados y aptos par el consumo. En su gran mayoría de la variedad Airén, aunque también de la Palomino, tradicional en la zona de Jerez. Para obtener un litro de brandy es necesario destilar del orden de tres litros de vino, obteniendo lo mejor de ellos y desechando el resto.

La destilación se realiza mediante columnas de destilación o bien en las alquitaras, alambiques de cobre, y separando las llamadas cabezas y colas, escogiendo sólo la fracción central de los aguardientes. Dependiendo de la calidad de los vinos, la destilación se dirige hacia una mayor o menor concentración del etanol y, consecuentemente, a obtener mayor o menor cantidad de otras sustancias volátiles en el destilado resultante. En este sentido, se distinguen los siguientes tipos de aguardientes:

Holandas: aguardientes de baja graduación, inferior a 70 % vol. y con un contenido en sustancias volátiles de entre 200 y 600 gramos por hectolitro de alcohol puro.

Aguardientes: de graduación media (entre 70 y 86% vol.) y con un contenido de sustancias volátiles de entre 130 y 400 gramos por hectolitro de alcohol puro.

Destilados: de alta graduación (entre 86 y 94,8% vol.) y con un contenido de sustancias volátiles inferior a 100 gramos por hectolitro de alcohol puro.

Tal y como sigue detallando el propio Consejo Regulador, “el Brandy de Jerez se diferencia de otros brandis por tener unas características organolépticas propias y singulares, las cuales son el resultado de su tradicional sistema de elaboración, de las características de las vasijas de madera en las que envejece y, naturalmente también, de las propias características climáticas de la zona geográfica donde tiene su origen, el Marco de Jerez.

La importancia de la madera empleada es particularmente importante en el proceso de envejecimiento. El Brandy de Jerez se envejece en barricas de roble americano de 500 litros de capacidad que, previamente, han debido ser envinadas con algunos de los tipos tradicionales de vino de Jerez (Fino, Amontillado, Oloroso, Pedro Ximénez, etc.), son las famosas “botas” de Jerez.

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