Una categoría de la que siempre hay que aprender algo y con la que recorrer el mundo entero. Beltrán Ferri, ‘bar manager’ de Collage Barcelona, nos habla sobre el profesional formado y de la riqueza organoléptica del ron
Podemos entender las sociedades por la manera en que han bebido y beben en la actualidad. La historia de las bebidas va asociada irremediablemente a la de los pueblos. Y el inmenso acervo cultural que posee el ron le debería hacer fuerte frente a otros espirituosos. Su tradición ancestral y su vocación viajera, la artesanía (mientras esta sea veraz) y la alegría que desprende desde tierras soleadas, arman un atractivo irresistible para el buen bebedor. Son un sinfín de parámetros relativos a su compleja riqueza que en materia técnica pueden llegar a distanciar su disfrute hasta dejarla en una categoría estable pero de nicho. “La bebida espirituosa olvidada”, como afirma Dave Broom. Cuando lo deseable es abrirse paso por ella hasta devolverla a su posición de privilegio en primera línea de botellero. En el caso de España, con la oportunidad de recordar su vínculo histórico con el ron agrícola y las primeras IGs.
Precisamente, y aunque el ron continúa seguro en sus modos típicos de consumo, España es uno de los líderes de producción de ron de la UE. Según el Informe Socioeconómico de Espirituosos España 2023, el ron está afianzado en el cuarto lugar con el 15% de cuota de mercado, no muy lejos de la ginebra, y con un incremento de más del 2% respecto al año anterior, siendo la categoría que más sube solo por detrás de los licores. Las exportaciones se mantienen más o menos a la par que en 2022.




