Las propuestas gastronómicas del barcelonés Bambarol tienen como eje central la calidad, reforzada con productos de temporada, y la variedad de opciones culinarias que ofrecen en formato tapa y platillo para compartir. Todo ello en un ambiente informal y distendido

Con un bonito nombre, de sonido musical, nació hace seis años en la Ciudad Condal, el bar restaurante Bambarol, de la mano de dos socios: Albert Ferrer y Ferran Maicas.

Ambos, grandes profesionales de la cocina, -con un importante bagaje de conocimientos y experiencia adquirida en los mejores restaurantes de aquí y de allá-, un buen día decidieron que había llegado la hora de lanzarse al estrellato por sí mismos, y eso fue lo que hicieron. Se juntaron para dar forma a su propio proyecto personal, el que materializaron y ubicaron en el número 21 del Carrer de Santaló, en el distrito barcelonés de Sarriá-Sant Gervasi.

Disputándose los fogones entre sí, en el local ofrecen una cocina mediterránea, con un espíritu jovial, desenfadado, y que toca el alma ya que, cómo me señala uno de los socios, Albert Ferrer: “Vendemos sensaciones y emociones a la hora de comer. Nuestra filosofía es que la gente venga a disfrutar y a pasar un buen rato”.

Toda una experiencia gastronómica que Ferrer la define como “una cocina catalana y española, con productos de temporada que nos marcan nuestra oferta, de hecho, cambiamos la carta cuatro veces al año. En nuestra cocina, aprovechamos todas las técnicas y cosas más novedosas que hemos podido ver por ahí y las intentamos aplicar en nuestro local, donde la intención es hacer una cocina de la abuela, de toda la vida, es decir, tirar del recetario tradicional, pero revisando las recetas con las nuevas tecnologías y maneras de cocinar; pero, sobre todo, utilizando, como decía, productos de temporada por estar en su mejor momento, además se tienen más a mano y cuentan con un precio mejor. En fin, intentamos volcar todo lo que hemos aprendido durante mucho tiempo en una propuesta con un formato de tapa, de pequeña ración, de platillo, para compartir. Tenemos desde una ensaladilla rusa, a ‘tartares’, ‘tatakis’, envasados al vacío, etc. En el restaurante ofrecemos un abanico muy amplio; siempre decimos: “Ves a Bambarol y tú mismo te haces el menú”, porque tenemos muchas opciones diferentes”, manifiesta Ferrer.

Una oferta que transciende la carta del establecimiento. “Además de las cuatro cartas que la clientela se puede encontrar a lo largo del año, cosa que no es muy frecuente en un sitio de tapas, también presentamos una pizarra con todas las propuestas fuera de ella o los especiales del día. Por ejemplo, ayer tuvimos doce platos fuera de carta”, comenta el socio.

Una gran variedad de opciones culinarias, avaladas por la calidad, que se pueden degustar en un ambiente informal, distendido, con un atento servicio pero sin los corsés de antaño, en una línea ágil y rápida.

En Bambarol, se encontrarán una oferta que seduce por los cuatro costados. “En primer lugar, comemos por los ojos. Una buena presencia y un plato vistoso es esencial. Pero a ello, hay que sumarle el sabor, porque un plato no solo debe ser bonito, debe de estar bueno. Nos concentramos en ello, en el sabor y en el gusto, y no ponemos muchas florituras en los platos, a pesar de que algunos pueden estar más elaborados que otros; lo que se ve en el plato es lo que uno va a comer. Nuestra cocina se basa en la honestidad, sin mucha manipulación, con un par de ingredientes como guarnición o hilo conductor y poco más. Lo que nos interesa es que la gente se fije en el plato y lo disfrute”, detalla Ferrer.

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