La diferenciación y el mostrar la propia personalidad son cuestiones de suma importancia y guías que llevan al éxito. Y si a esos aspectos, se suman conceptos como la sencillez, la artesanía, el compartir, el cuidado por el detalle o el mimar a los clientes para conseguir la plena satisfacción de los mismos, el éxtasis no tardará en llegar. Precisamente eso es lo que hace cada día un local madrileño llamado La T Gastrobar, que ha recibido una mención en la Guía Michelin 2017. “Nuestra filosofía es dar lo mejor para enamorar a nuestros clientes. Queremos que sea un rincón donde la gente quiera volver y que la clientela nos llame por nuestro nombre, que es lo más bonito que le puede pasar a una persona que se dedica a la hostelería”, afirma Rubén Álvarez, director general del establecimiento.
Una combinación de contrastes y armonías es la que brinda este local, tanto en el plato, como en la copa o en los magníficos cócteles que se pueden degustar, además de en la decoración que juega con líneas atrevidas, maderas, colores, luces, con un punto neoyorkino, que desafía la formalidad, envuelta en una atmósfera musical, creando un entorno bastante peculiar, como señala el director general del local.
Así, a grandes rasgos, les presentamos este establecimiento, que como dice Rubén Álvarez, “es una isla dentro de Malasaña. Tenemos una oferta gastronómica que se sale un poco de los locales de cañas y tapas de la zona. Los propietarios del local querían una fusión entre una cocina de alto nivel y un precio asequible, y de ahí lo de ‘gastrobar’, que se abrió con la idea de poder tomar unos vinos, unas cervezas o un ‘gin tonic’, por ejemplo, compartiendo un plato. El concepto de compartir es esencial, de hecho, en la parte de arriba del local contamos con mesas largas donde caben de 5 a 8 personas.
Leer el artículo completo en la revista




